Category Archives: Psychoanalysis

'My Crete' by Ioannis

Qué es el Psicoanálisis

El Psicoanálisis es:
El Psiconálisis es una teoría sobre el funcionamiento y estructuración del  aparato psíquico humano.
El Psicoanálisis cuenta con un método de investigación en donde el principal objetivo es comprender los aspectos inconscientes de la vida psíquica humana a través de sus manifestaciones en la asociación libre de ideas, los sueños y las fantasías, así como en los actos fallidos e involuntarios.
El Psicoanálisis dentro de la Psicoterapia tiene el objetivo de descubrir  las raíces inconscientes de las emociones y acciones de la persona.

 

Pulsión de Muerte

Breviario sobre la Pulsión de Muerte

 

Definición.

 

En el Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis (1987) definen pulsión como:

Proceso dinámico consistente en un empuje (carga energética, factor de motilidad) que hace tender al organismo hacia un fin. Según Freud, una pulsión tiene su fuente en una excitación corporal (estado de tensión); su fin en suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin (p. 324).

La teoría pulsional de Freud, tendría varias evoluciones a lo largo de tres décadas, pero no sería sino hasta 1920, en Más allá del principio del placer , que el término pulsión de muerte sería introducido. Años anteriores a esta obra hablaría Freud de una pulsión destructiva. Sobre ello, Laplanche y Pontalis (1987) refieren que este término es más usado desde una perspectiva biológica y psicológica; en tanto que pulsión de muerte está más orientada hacia lo exterior, para lo cual también es usado el término de pulsión agresiva.

Respecto a la definición de pulsión de muerte, Laplanche y Pontalis (como se citó en Schreck, 2011) dirían que no sería sino hasta la última teoría freudiana de las pulsiones que se designaría a ésta pulsión como la opuesta a la pulsión de vida. Esta pulsión tiende a reducir completamente las tensiones, devolviendo al ser vivo al estado inorgánico, señalan: “Las pulsiones de muerte se dirigen primero hacia el interior y tienden a la autodestrucción; de manera secundaria se dirigirán hacia el exterior, manifestándose entonces en forma de pulsión agresiva o destructiva” (pp. 11 y 12).

La pulsión supone entonces un proceso dinámico, el cual consiste en un movimiento de carga energética que hace tender al organismo hacia un fin. Como lo hemos señalado en el capítulo anterior, la pulsión tiene su fuente, que es el estado de tensión, su fin, que es terminar con dicha tensión, y un objeto, gracias al cual podrá alcanzar su fin. Los fines de la pulsión pueden ser múltiples y parciales, los cuales dependen de fuentes somáticas, que a su vez, son múltiples y susceptibles de adquirir y de mantener una función prevalente.

La idea de que la pulsión de muerte tiende al retorno de la materia inorgánica, nos hace suponer que todo ser vivo fue en un “antes” un “ser no vivo”; por lo que, la satisfacción de la pulsión sería el retorno a un estado anterior.

La pulsión de vida tiene como finalidad la conservación de la vida, con una tendencia a producir y mantener la cohesión de ésta. Laplanche y Pontalis (1987)  la definen como la contraparte de la pulsión de muerte, “Tienden a constituir unidades cada vez mayores y a mantenerlas. Las pulsiones de vida, que se designan también con el término «Eros»…” (p.342) en las cuales podemos incluir tanto a las pulsiones sexuales como a las pulsiones de autoconservación.

 

Para información sobre la bibliografía contactar por este medio.

NARCISISMO PATOLOGICO

KERNBERG

1979

 

“La personalidad Narcisista”

 

Dentro de la personalidad narcisista quedan ubicados aquellos pacientes en los que se encuentra un desequilibrio de su autoapreciación, relacionado con perturbaciones específicas de sus vínculos objetales a nivel interno; externamente son pacientes que parecieran no tener problemas de conducta, socialmente su comportamiento es satisfactorio y tienen un control de impulsos más eficaz que en las personalidades infantiles.

 

Coincidiendo con varios autores entre ellos Kohut, Kernberg señala: “… los pacientes de personalidad narcisista son aquellos caracterizados por una exagerada centralización en sí mismo, por lo general acompañada de una adaptación superficialmente eficaz, pero con serias distorsiones en sus relaciones internas con otras personas” (p. 235)

 

Una de las características importantes de estos pacientes es la envidia que sienten hacia los demás, hacia quien posee algo  que ellos no tienen, o que simplemente parecen disfrutar de sus vidas; opta por idealizar a aquellas personas que gratifican su narcisismo y la desvalorización de quienes nada espera, por lo que estas características debe tenerlas presentas el terapeuta, ya que de igual forma se presentan en la sesión y deben ser interpretadas. Hay una incapacidad de depender de el otro, ya que hay desconfianza y desprecio hacia los demás, lo cuál hace del tratamiento algo complicado. Esta incapacidad para depender se debe a que para el paciente narcisista la dependencia significaría odiar, envidiar y exponerse al peligro de ser explotado, maltratado y frustrado; depender lo lleva a la temprana infancia en donde sufrió frustraciones orales, por lo mismo tiende a utilizar al otro con fines narcisitas. En ocasiones los pacientes narcisistas parecen depender de alguien, al revisar ese vínculo de dependencia encontraremos que se debe a que en ese objeto externo proyectan su sí mismo grandioso.  Por lo mismo un analista idealizado sería una extensión de sí mismo, o bien ellos son una extensión del analista idealizado, estas reacciones pueden confundir el analista haciéndolo creer que existe una dependencia cuando en realidad el vínculo tiene otras características. Así como hay una idealización y tendencia a enaltecer al otro, también hay una desvalorización de los objetos lo cual crea una sensación de vació en el paciente, deben desvalorizar cuanto reciben para no experimentar la envida, “esta es su tragedia: que necesiten tanto de los demás siendo al mismo tiempo incapaces de reconocer lo que reciben, debido a la envidia que ese reconocimiento les provocaría; en consecuencia terminan siempre vacíos” (p. 213)

 

En la génesis se encuentra una “rabia oral” como componente esencial de esta psicopatología. También puede señalarse que en la personalidad narcisista hay una refusión de las imágenes internalizadas de sí mismo y de los objetos en una etapa del desarrollo en que los límites yoicos ya están establecidos, por lo que para defenderse de la realidad intolerable  se produce una fusión de las imágenes del si-mismo ideal, del objeto ideal y del sí mismo real, junto con las desvalorizaciones y destrucción tanto de las imágenes objetales como de los objetos externos, por lo que así se niega una necesidad de dependencia de el otro.  “La normal tensión entre el sí-mismo real por una parte, y el sí-mismo ideal y el objeto ideal por la otra, queda eliminada por la constitución de un concepto inflado de sí mismo, en cuyo contexto el sí mismo real, el sí mismo ideal y el objeto ideal se confunden” (p. 209). Las imágenes que son inaceptables  se proyectan en objetos externos y por ello viene la desvalorización. Esta misma integración del sí mismo ideal, del objeto ideal y del si-mismo real impide que se de una integración del superyo, ya que como hay una idealización “irreal” no se condensan las imágenes idealizadas con las demandas parentales reales y con los precursores del superyo. La integración del superyo es deficiente, ya que contiene primitivas imágenes parentales, agresivas y distorsionadas por lo que no se cumple la normal integración entre precursores agresivos y las imágenes ideales de sí mismo y de los objetos

 

Otro de los efectos por esta fusión del sí mismo ideal, del objeto ideal y del sí mismo real es la desvalorización y destrucción de las imágenes objetales internalizadas. En cuanto a las razones por las que se da esta fusión, encontraríamos que en estos pacientes  hay una agresión oral patológicamente aumentada, relacionada posiblemente con frustraciones sufridas en los primeros años de vida. En estos pacientes aparecen padres fríos con una agresividad encubierta, insensibilidad, indiferencia, etc. por lo que una vez que se da una fijación oral intensa y se presentan estas características en el ambiente familiar quedaría configurada la condición inicial para que el niño (luego paciente) necesite defenderse de un exceso de envidia y odio. A nivel interno, las relaciones objetales se caracterizan por  ser intensas, primitivas y de una naturaleza atemorizante.

 

Dentro de las características sobresalientes encontramos también la grandiosidad, refiriéndonos a una exagerada centralización en sí mismo, y una notable falta de interés y empatía hacia los demás, lo cual nos permite ver una avidez para conseguir la admiración y tributo del otro.

 

En cuanto a los mecanismos de defensa encontramos similitudes a los que caracterizan al paciente fronterizo. Predominan los mecanismos primitivos como lo es la escisión, la negación, la identificación proyectiva, la omnipotencia y la idealización primitiva.

 

El narcisista tiene un funcionamiento social relativamente bueno, un mejor control de impulsos que la personalidad limite y una “pseudosublimación” (reaccionando de forma activa y coherente en áreas específicas) que es lo que le permite ser admirado por el otro y desplegar sus ambiciones de grandeza.

 

Waals señala que el narcisismo patológico está caracterizado por un desarrollo simultáneo de formas patológicas de amor a sí mismo y de formas patológicas de amor objetal, esto nos explicaría porque la escisión en las relaciones objetales conlleva difusión de identidad.

 

Avanzado el tratamiento es posible detectar una imagen del sí mismo del paciente hambriento, enfurecido, vacío, dominado por la rabia impotente ante la frustración y el temor que le acusa un mundo tan lleno de odio y deseos de venganza como él mismo.

 

Kernberg señala la importancia que tiene el hacerse un diagnóstico diferencial, en cuanto a lo que sería una personalidad narcisista y un desorden del carácter, en estos últimos se observa que se han desarrollado  defensas para proteger o acrecentar la autoestima , por lo que se pueden utilizar defensas típicas de la personalidad narcisista, siendo no una personalidad narcisista.  Además por ejemplo tanto en las personalidades narcisistas como en las obsesivas puede observarse “frialdad” en sus relaciones interpersonales pero con características estructurales diferentes en cada uno. Diferenciar una personalidad narcisista de una estructura caracterológica con rasgos narcisistas es importante para el pronóstico y tratamiento. Así pues sirve de ayuda el análisis de la transferencia, la cual en el paciente narcisista se caracteriza por la oscilación entre la grandiosidad y el distanciamiento narcisista, así como por las tendencias primitivas paranoides. A nivel estructural la diferencia radica en las funciones del ideal del Yo. El diagnóstico diferencial demuestra que las personalidades narcisistas  aparte de sentir excesivo amor hacia sí mismo, ese amor se caracteriza por ser bastante pobre y autodegradante.

 

Técnicamente el analista además de prestar atención a las cualidades de la transferencia  debe de estar también al tanto de la contratransferencia, la cual le sirve de guía para el tratamiento, nunca revelando al paciente sus reacciones, sino refiriendo de éstas cuáles son los propósitos ocultos de la conducta del paciente. Algo que se presenta al trabajar con personalidad narcisistas es que hay una tendencia a que una vez que hay un alivio o una comprensión, el paciente abandona el tema tratado, en lugar de experimentar agradecimiento por la ayuda del analista o una motivación a profundizar en el tema. Por lo que hay que estar atento a estas reacciones del paciente en donde lo que opera es una desvalorización del paciente al terapeuta. En cuanto a la contratransferencia es importante también señalar que  si el analista no tiene resueltos sus conflictos narcisistas, ante la idealización de paciente experimentará rechazo o aceptación en exceso, si se da la aceptación conllevaría la pérdida de la neutralidad, al igual el experimentar rechazo puede deberse a que esa idealización no es real y tiene elementos de control. Tanto la idealización primitiva como el control omnipotente deben ser interpretadas, para que el paciente comprenda su necesidad de desvalorizar para defenderse de la envidia. También es importante  que el terapeuta indague las decepciones respecto al terapeuta  e idealización irreal con la que niega la independencia del terapeuta. Es común que las personalidades narcisistas no presenten angustia de separación o reacciones de duelo ante vacaciones del terapeuta o fines de semana.

 

 

Hay una transferencia caótica por lo que se recomienda no se trabaje con muchos pacientes narcisistas en un mismo periodo, por la tensión y exigencia que imponen al terapeuta. Es importante interpretar la transferencia negativa puesto que el no hacerlo incrementa el temor en el paciente, a su propia agresión y destructividad, por lo que tiende a activar con mayor fuerza sus resistencias narcisistas, por lo que para resolverlas lo fundamental sería la interpretación de la transferencia, lo cual permite al paciente a la vez  disminuir el temor a su propia destructividad.

 

En cuanto al pronóstico, generalmente es reservado debido a la rigidez de su estructura, sin embargo hay ciertos factores que deben evaluarse para especificar el pronóstico en cada caso: Cuando hay cierto grado de capacidad de depresión y duelo, en especial cuando hay elementos de culpa, el pronóstico es favorable; cuando se encuentran manifestaciones de creatividad en alguno de los aspectos de la vida hay un mejor pronóstico;  Cuando no hay culpa pero por lo menos hay vergüenza el pronóstico es más favorable; para aquellos pacientes que mienten al analista el pronóstico es más desfavorable. Se presentan dificultades con aquellos pacientes que han alcanzado el poder en el plano profesional o social, resulta difícil analizar esta exoactuación repetitiva. Cuando hay marcada falta de control de impulsos, intolerancia a la ansiedad y tendencia a regresar al pensamiento del proceso primario en Psicoanálisis como tal está contraindicado. Otro factor que debe de tomarse en cuenta es la motivación que lleva al paciente a tratamiento, ya que en las personalidad narcisistas es común observar que acuden con la intención de llegar a la “perfección”, lo cual hace que el paciente no ahonde en sus sentimientos de vacío, su mundo interno y sus dificultades para establecer lazos de empatía con los demás, si éstas fueran sus motivaciones el pronóstico sería favorable. Cuando hay un funcionamiento superyóico relativamente bueno, existe un pronóstico favorable en contraste con conductas antisociales. La honestidad en los actos de la vida cotidiana es un factor pronóstico favorable. Hay un tipo de narcisismo más patológico aún, y con un pronóstico desfavorable, en donde hay una catectización de un objeto externo homosexual, donde este objeto representa una extensión de su  sí-mismo grandioso en donde la relación es de sí-mismo a sí-mismo grandioso.

 

Una vez que es superada la etapa inicial del tratamiento y el paciente ha podido elaborar sus defensas narcisitas, comienzan a salir a la luz sus conflictos orales, el odio y temor que le inspira la imagen de una madre agresiva y peligrosa, proyectando esta figura en el analista, entonces el paciente tendrá que hacer consciente que ese temor es su propia agresión proyectada, resultado de la frustración que la madre produjo. A la par el paciente tendrá que reconocer que el concepto ideal que tiene de sí mismo es una fantasía que lo protege de relaciones con otros, y que eso lo lleva a no necesitar del otro, conteniendo así el anhelo de una madre ideal que acudiera a su auxilio. Así pues ese anhelo y ese odio deben coincidir para que el paciente reconozca que son al mismo objeto. En ese momento el paciente reconocería los anteriores sentimientos agresivos dirigidos al analista sintiendo culpa por ellos, elaborando esta situación el paciente reconocerá al terapeuta como un ser independiente y no como una prolongación de sí mismo, sintiendo así amor y gratitud hacia él. La desvalorización que hace el narcisista hacia el terapeuta es por lo regular una reacción ante la rabia, con la finalidad de eliminarlo como objeto significativo, puesto que despertaría en el paciente el temor y la envidia.

 

Kernberg junto con Kohut son teóricos que abordan a la personalidad narcisitas, en ciertos puntos coinciden  pero en muchos otros hay diferencias, veamos sus puntos de vista:

 

  • Kernberg otorga principal importancia a la patología de las relaciones objetales internalizadas, así como la presencia de una crónica envidia apareciendo la desvalorización y el control omnipotente como defensas contra la misma.
  • Kernberg señala que hay similitudes en cuanto a las defensas de la personalidad narcisista con diferencias específicas. La diferencia entre la personalidad narcisista y la personalidad fronteriza es que en la primera existe un concepto del sí- mismo integrado aunque patológicamente grandioso, resultado de una condensación patológica de ciertos aspectos del sí- mismo real, el sí-mismo ideal y del objeto ideal.
  • Kohut sugiere el término de sí mismo grandioso para referirse al que caracteriza a la personalidad narcisista, el cual refleja la fijación de un sí-mismo primitivo y arcaico pero “normal”.
  • Kernberg considera que el si-mismo grandioso constituye una estructura patológica, muy diferente del narcisismo infantil normal. Este si-mismo grandioso compensa el debilitamiento del Yo, resultado de las defensas primitivas.
  • Tanto Kernberg como Kohut coinciden en el hecho de considerar a la transferencia como un elemento importante para diagnosticar una personalidad narcisista.
  • Kohut refiere que la personalidad narcisista es resultado de una fijación a configuraciones arcaicas de un sí mismo grandioso y/o a objetos arcaicos sobre estimados y narcisísticamente catectizados.
  • Según señala Kernberg, Kohut parece hacer una diferenciación entre dos pulsiones libidinales, una de orientación objetal y otra narcisista que estarían determinadas por cualidades intrínsecas.
  • Kernberg estaría señalando que hay un desarrollo patológico mientras que Kohut hablaría de una detención del desarrollo.
  • Kohut señala que debe promoverse y permitirse una transferencia narcisista, específicamente la que describe como especular, en la que se refleja el sí-mismo grandioso del paciente.
  • Tanto Kernberg como Kohut concuerdan en que debe permitirse el desarrollo de la transferencia sin que sea interpretada prematuramente y evitando actitudes moralistas.
  • Kohut utiliza términos como “transferencia especular” y “transferencia idealizante”, que en términos de Kernberg serían la activación alternada de componentes que pertenecen a la condensación de un sí-mismo patológico, el cual es resultado como se había mencionado anteriormente de determinados aspectos del sí-mismo real, sí-mismo ideal y objeto ideal.
  • Kernberg señala que siguiendo la línea de Kohut, se da un mejor funcionamiento y adaptación del sí mismo grandioso, como resultado del pasaje de la transferencia especular desde los niveles primitivos a los más adaptativos, sin resolver la patología del sí-mismo grandioso.
  • Kernberg y Kohut concuerdan en que siempre que exista la posibilidad debe de brindarse tratamiento psicoanalítico a los desórdenes narcisistas.

 

En estos enfoques hay diferencias, Kernberg señala que el desarrollo ha sido patológico: en el narcisismo infantil normal hay exigencias derivadas de necesidades reales, mientras que las demandas de la personalidad narcisista son excesivas y por lo regular imposibles de satisfacer. La personalidad narcisista se caracteriza por la frialdad y el retraimiento cuando no ejercitan su encanto social, lo cual contrasta con la calidez típica de las tendencias egocéntricas del niño pequeño, al respecto en personalidad narcisistas es común que refieran a la edad de dos o tres años falta de calidez y vínculos caracterizados por la destructividad e insensibilidad.

 

En condiciones normales, las imágenes objetales idealizadas se integran en el ideal del Yo, y a su vez como ideal del yo del superyo, en las personalidades narcisitas se condensan estos objetos con el concepto de sí-mismo del paciente, por lo que el superyo no llega a consolidarse por lo que quedan límites entre el yo y superyo desvanecidos, y los aspectos indeseables del sí-mismo se escinden para ser luego reprimidos, mientras que se va dando una desvalorización de los objetos externos, por lo que el mundo intrapsíquico del paciente queda poblado por un sí-mismo grandioso, imágenes desvalorizadas de sí-mismo y de los demás, y por precursores sádicos del superyo, e imágenes objetales primitivas y disociadas sobre las que se proyectó el sadismo oral. Todo esto se da una vez que existe una diferenciación entre las imágenes de sí-mismo y del objeto. El Yo se integra lo suficiente como para que se de una adaptación mejor en lo social. Esto nos permite ver que se desarrollan estructuras primitivas de forma patológica impidiendo el desarrollo de estructuras normales avanzadas.

 

En cuanto a el origen de esta patología, nos remontamos  a algún punto “…entre la etapa de diferenciación entre el sí-mismo y el objeto, y la etapa en que la normal integración de las imágenes de sí mismo y de los objetos da lugar respectivamente a la normal estructura de sí mismo y a representaciones objetales integradas” (p. 247). Hay una tendencia a destruir las fuentes de amor y gratificación, para eliminar la fuente de envidia, al mismo tiempo que engrandecen el concepto de sí-mismos. Los procesos de desvalorización racionalizados en la transferencia como “decepciones” siguen el patrón de desvalorización de las imágenes parentales. La idealización al analista es resultado de la proyección del si-mismo grandioso, por lo que, como señalábamos anteriormente al ser una extensión de sí-mismo significaría que habla consigo mismo, transformando al terapeuta en solo una accesorio, esto mismo explica el por qué al final de la sesión  al darse el retiro de la idealización el paciente no experimenta un duelo o una dependencia al terapeuta. La idealización en etapas tempranas del tratamiento es una defensa contra la aparición de intensa envidia y contra la desvalorización del analista. Por lo que es común que los pacientes con personalidad narcisista desarrollen la fantasía de ser los mejores del mundo, siendo ellos si no el único si el más interesante de sus pacientes.

 

Una de las razones por las que el paciente narcisista no se enfrenta a su envidia y odio, es por el temor a que estos sentimientos destruyan al analista lo que implicaría no poder establecer una relación con él, dejando de recibir ayuda, y más profundamente se encontraría el temor a destruir su capacidad de dar y recibir amor.

 

Ante la desvalorización el analista debe tener presente que se debe  por los mecanismos que emplea el paciente narcisista, por lo que debe evitarse el rechazo interno del paciente por parte del terapeuta, experimentando en ocasiones que es absurdo lo que ocurre quedándose paralizado.

 

Un tipo patológico de narcisismo más severo se da cuando “merced a procesos identificatorios patológicos, el sí-mismo adopta las características  de un objeto internalizado patógeno” (p. 285). Otro tipo de patología narcisista grave se da cuando la relación se da de sí-mismo a sí-mismo, el cual se produce cuando hay un deterioro más profundo de las relaciones objetales, por lo que la relación no se establece de sí-mismo a objeto, sino entre un sí-mismo grandioso, primitivo y patológico, y la temporal proyección de ese sí-mismo grandioso en los objetos.

 

La personalidad narcisista se diferencia de los desórdenes fronterizos en que hay un sí-mismo grandioso que aunque es patológico, está más integrado. Sí-mismo que resulta de la patológica condensación de partes del sí-mismo real, del sí mismo ideal y de objetos ideales de la infancia y la temprana niñez, lo que da como consecuencia un superyo de integración insuficiente, el mundo interno queda caracterizado por  relaciones objetales internalizadas remplazadas por el sí- mismo grandioso, representaciones desvalorizadas del sí-mismo y de los demás, y por precursores superyoicos sádicos no integrados. En los fronterizos veríamos labilidad yoica, dando resultado intolerancia a la ansiedad, falta de control de impulsos y ausencia en el canal de sublimación.

 

“El narcisismo normal o patológico sólo puede ser evaluado mediante la exploración psicoanalítica de las relaciones objetales intrapsíquicas y externas y mediante el análisis estructural de las relaciones objetales internalizadas, junto con los factores económicos que las modifican”

 (p. 288).

 

 

La Violencia Social, un análisis desde la Psicología Social.

La Psicología Social es una rama de la Psicología, que estudia aquellos procesos psicológicos que determinan el funcionamiento de la sociedad, y que por lo tanto dan vida a una interaccion social. Mencionan Garrido y Álvaro (2007) que se considera que a partir de la segunda mitad del siglo XIX inicia el desarrollo de la Psicología Social, una vez que la psicología y la sociología1 se habían consolidado como disciplinas científicas independientes, lo que dio pie a que se cuestionara la relación que existía entre ambas. Así pues, aquellos fenómenos psicológicos de tipo social son abordados por esta ciencia, tal es el caso de la violencia social, que ha sido estudiada en diversas poblaciones y a partir de diferentes diseños experimentales.
La delincuencia en México, ha generado un clima de violencia que afecta a la sociedad en diversos aspectos. Comencemos con la definición de conceptos para comprender el tema.
¿Qué es la Violencia Social para la Psicología Social? Primeramente entendamos que existe una diferencia entre violencia y agresión. Corsi y Peyrú (2003), nos dicen que es común que exista esta confusión, la cual se debe a los múltiples significados que tiene la palabra violento en la sociedad, y al uso desmedido y constante del término agresividad. Mencionan los mismos autores que los significados de la palabra violento han quedado en español más unidos a su raíz etimológica: violar.
En el diccionario de la Real Academia Española (1992), violencia significa: 1. Cualidad de violento; acción y efecto de violentar o violentarse. 2. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
Corsi y Peyrú (2003) señalan que para construir conceptualmente la noción de violencia es necesario el planteamiendo de las siguientes cuestiones:
La confusión entre la agresividad y la violencia.
La cuestión de los “ritmos naturales” de la violencia. El problema de la intencionalidad.
El tema de la puntuación.
La cuestión del poder (p. 19).
Veamos pues algunas de estas cuestiones. La idea de diferenciar lo que es la violencia de la agresividad, consideran Corsi y Peyrú (2003) permite analizar las violencias sociales; consideremos como primer idea que la agresión es parte de la naturaleza humana, incluso genéticamente venimos dotados de un potencial de agresividad que nos permite, cuando es necesario, sobrevivir. En cambio, la violencia es resultado de la historia de cada sujeto y de la cultura en la que habita, por lo que puede manifestarse de diversas formas —física, verbal o psicológicamente—, e incluso la omisión, está vinculada con el poder que permite causar un daño por no participar, comúnmente conocida como violencia pasiva. Así pues, el ser humano tiene la capacidad de aplicar la violencia como parte de su proceso evolutivo cultural; por ello, la agresión es algo natural en los seres humanos, no podemos dejar de serlo; mientras que la violencia, por otro lado, podría ser evitable.
Respecto a esta diferencia, entre agresividad y violencia, Fernández (como se citó en Guerra, 2009), nos dice que la violencia “supone el abuso de poder de un sujeto o grupo de sujetos sobre otro, siempre más débil o indefenso…” (p.41), es decir que siempre hay alguna asimetría entre los sujetos que se ven implicados. Por otro lado, la agresividad para Fernández (como se citó en Guerra, 2009) según “…los argumentos naturalistas explican la existencia del factor agresividad, como un componente más de la compleja naturaleza biosocial del ser humano” (p. 43), por lo tanto, se confirma la idea de que la agresión forma parte de la naturaleza humana, por ello Guerra (2009) la considera en ocasiones positiva, ya que “mueve al individuo a actuar, a luchar, a buscar su supervivencia” (p.44). Lo importante es evitar que esta

agresión se torne en violencia, que en el caso del menor de edad, corresponde a los padres evitar esta situación.
En lo que se refiere a la cuestión de la intencionalidad —considerada por Corsi y Peyrú (2003)—, los seres humanos no vinculan con facilidad el acto violento con las consecuencias del mismo, por lo que resulta difícil el que acepten responsabilidad de su destrucción ya sea emocional o física. Sin embargo, es importante señalar que la intencionalidad está vinculada al ejercicio del poder. Tal es el caso de aquellos personajes fascistas que torturaban con la única intención de controlar para adquirir mayor terretorio. Con esto entendemos que la violencia siempre lleva una intención, es decir, tiene una meta, y que al no ser alcanzada, generará mayor violencia para llegar a dicho fin.
Cobo y Tello (2008), por su cuenta, nos dicen respecto al asunto de la intencionalidad que es la que permite diferenciar a la agresividad de la violencia, pues ésta última tiene a la intensidad y a la intencionalidad como parte de su esencia, pues la violencia tiene como meta el dañar a uno o varios individuos, ya sea física o psicológicamente, de una manera anticipada y planeada; mientras que por otro lado las actitudes agresivas son usadas “…para superar situaciones de riesgo” (Cobo y Tello, 2008, p.23).
Así pues, la violencia queda definida por la UNICEF (como se citó en Cobo y Tello, 2008) de la siguiente manera:
Entendemos por violencia aquellos actos u omisiones que atentan contra la integridad física, psicológica, sexual y moral de cualquier persona. Toda acción violenta tiene la intención de causar daño y ejercer abuso de poder; puede provenir de personas o instituciones y realizarse en forma activa o pasiva.
Estos actos de violencia son tangibles, como una violación, maltratos y golpes, o bien, intangibles, es decir, que no se ven ni dejan huella, pero que de igual forma lesionan a las personas en su vida emocional. También se considera violencia las acciones o actitudes negligentes que denotan falta de atención y oportunidad (p.24).
Scott et al. (2013), por su cuenta, definen la violencia como “ …un comportamiento deliberado que provoca, o puede provocar, daños físicos o psíquicos a otros seres y se asocia, aunque no necesariamente, con la agresión, ya que también puede ser psíquica o emocional a través de amenazas u ofensas” (p.104).

Ahora bien, la relevancia de definir el concepto de agresividad, consiste en que ésta es concebida como una tendencia o conjunto de tendencias, evidenciadas en conductas reales o fantaseadas dirigidas a dañar a otro, a destruirlo. La agresión puede adoptar modalidades distintas, como sería el caso de la acción motriz, dentro de la teoría psicoanalítica, se considera a la agresión con un elemento propio del concepto de pulsión de muerte, lo cual retomaremos más adelante.
Cobo y Tello (2008) consideran respecto a la agresividad lo siguiente:
…es un ingrediente innato en la conducta de las especies animales, es una forma de la conducta que coadyuva a la supervivencia de los más fuertes, de los más sanos, de los más aptos y, de esta manera, contribuye a garantizar la supervivencia del grupo (p.15).
Esto lo vemos por ejemplo en el reino animal, en donde un grupo de depredadores, aislan por lo regular a su víctima con la intención de alimentarse y alimentar a sus crías, es decir por la supervivencia. En el caso de los humanos, también forma parte de la identidad y del carácter, incluso es común escuchar, por ejemplo, en actividades deportivas, sobre el desempeño agresivo realizado para obtener un triunfo. Así pues Cobo y Tello (2008) mencionan que la agresividad “…siempre ha estado presente en el desarrollo, tanto de los seres humanos, en particular, como de las sociedades, en general…” (p.18), considerando también los autores que cada época ha tenido una mayor expresión de la agresión en sus actos violentos, tal como lo veíamos en los antecedentes de este capítulo.
Mencionan Corsi y Peyrú (2003) que es común escuchar de los fenómenos naturales sobre el caso de tormentas o nevadas violentas, siendo incorrecto el uso del término, debido a que éstas por el solo hecho de no ser hunamas no serían en el sentido estricto del término: Violentas. Sin embargo los avances tecnológicos y de armamento bélico permiten al hombre, hoy en día, ser violento a partir de generar catástrofes naturales, por así decirlo manipulan la naturaleza con intención de violentar. Como ejemplo los enfrentamientos entre EUA y Al-Qaeda, en donde el primero generaba avalanchas en el terreno montañoso donde se ocultaban los segundos, con la intención táctica para atacar y destruir.
Así pues podemos sintentizar, hasta ahora, sobre la violencia social lo siguiente:

  1. Son actos que atentan contra la integridad física, psicológica, sexual o moral.
  2. La violencia tiene una intencionalidad, causar daño y ejercer un poder.
  3. La violencia social es ejercida tanto por personas como por
    instituciones.
  4. La violencia social puede ser tangible e intangible.
  5. La negligencia y el oportunismo también son un tipo de violencia.
    En lo que respecta a cómo es que los menores de edad se involucran en este
    tema, Cobo y Tello (2008) consideran que la violencia “…es un problema que se aprende a temprana edad la sociedad es responsable de esa enseñanza” (p.32). Según sus investigaciones, los niños tienen un primer encuentro con la violencia en la familia, pues es un tipo de relación que se llega a convertir en “normal”, es lo que conocemos en el campo de la psicología como violencia intrafamiliar, caracterizada por las amenazas, la intimidación o la subordinación intransigente, que se manifiesta con golpes, gritos, regaños explosivos por pequeños motivos. Este tipo de relación familiar orilla al niño a desarrollar conductas agresivas en la escuela, como es el caso del bullying, en donde es mejor ser el victimario a la víctima. Sin embargo, también hay otro tipo de conductas que llevan al niño a que aprenda que la violencia es una opción, como lo es el caso de la falta de autoridad, que hace suponer al menor que puede hacer las cosas cuando quiere y lo desea. Por estos motivos, los menores dificilmente desarrollan la capacidad de resolver conflictos de forma pacífica, dando paso a la violencia para resolver, por lo regular, su frustración.
    La programación televisiva es otro de los elementos que actualmente contribuyen en la educación y percecpción sobre la violencia en el menor de edad. Al respecto Cobo y Tello (2008) nos dicen:
    Los niños y jóvenes mexicanos pueden ver a diario un variado menú de programas con contenido violento: series de acción norteamericana (en ocasiones de temática específicamente policiaca), talk shows, telenovelas y películas; todo ello en horarios AA (de las 15:00 a las 19:00 horas) y AAA (de las 19:00 a las 23:59 horas). La violencia que se exhibe en estos programas puede ser verbal (amenazas, diversas formas de intimidación, uso de groserías) narrada (situaciones de contenido altamente violento contadas por unos personajes a otros) o visual (pleitos, asesinatos, persecociones en automóviles que terminan
    con accidentes letales, etc.) (p. 42).
    Además, el internet y los videos juegos son otra ventana con acceso a la
    violencia, gran número de menores de edad tienen hoy en día acceso a toda esta información, que puede ser fácilmente imitada por el niño.
    Scherck (2014) se hace la pregunta respecto al fenómeno de la violencia: ¿Qué nos sucede en México? Nos señala que hemos llegado al primer lugar en secuestros y en trata de blancas, y es un hecho que el crimen generado por el narcotráfico no tiene precedentes, y como sociedad, parecemos tener más la sensación de inseguridad. Para Scherck (2014) “Es clara la ausencia de ideales, pues nos encontramos con un país de normas poco claras, de un “todo se vale”, con quiebre de redes identificatorias, y sentimientos de inseguridad e impotencia” (párr. 22).
    Pero entonces, ¿cómo podríamos entender la violencia?, parecen existir diferentes paradigmas al respecto. Corsi y Peyru (2003) explican que hay cinco vertientes teóricas para explicar la violencia:
  6. Modelo Psicopatológico: utilizado principalmente por la psiquiatría y la psicología, en donde lo importante es entender cómo es que a partir de la violencia surgen trastornos psicológicos.
  7. Modelo de interacción: Estudia la interacción de los sujetos participantes en fenómenos de violencia, considerando la teoría de los sistemas.
  8. Modelo de los recursos: Utilizado por trabajadores sociales y disciplinas a fines. Este modelo explica que la violencia es resultado de la falta de recursos, económicos, académicos o de otra índole.
  9. Modelo Socio-cultural: Entiende las diversas manifestaciones de la violencia, desarrollando así el concepto de violencia estructural que se enfoca en cómo en la cotidianeidad se presenta la violencia.
  10. Modelo Ecológico: Es un modelo holístico, y explica las violencias sociales, considerando los factores macro, exo y microsistémicos.
    De este modo, consideramos que para la presente invetigación, retomaremos el primer modelo, basado en la teoría psicoanalítica y el quinto modelo, el que explica las violencias sociales desde el holismo.
    En el caso de México, Schreck (2024) refiere que “La ley es constantemente infringida, así también la Ley simbólica, aquella representada por esas figuras de autoridad que han perdido toda capacidad de liderazgo por el grave deterioro moral y del tejido social” (párr. 22). Por tal motivo, la violencia se convierte en un tema de la vida diaria, siendo en este momento los jóvenes las principales víctimas, pues son utilizados por el crímen como carne de cañón en enfrentamientos que no tienen cuarteles ni demarcaciones.
    Por otro lado, Forge, Rosenberg y Mercy (Como se citó en Gurrola et al., 2014), mencionan que podemos dividir la violencia en tres categorías distintas:
  11. La violencia dirigida a sí mismo, en la cual queda incluido el suicidio y las autolesiones.
  12. La violencia colectiva o grupal, en donde ubicamos a la violencia social —manifestada en actos como el terrorismo y las guerras—.
  13. La Violencia interpersonal: La cual se subdivide en dos subcategorías, la primera, aquella que se da en la familia, también conocida como violencia doméstica y, la segunda que es aquella que se da en la comunidad, es decir fuera del hogar. En esta última encontramos los asaltos, secuestros y robos.
    Gurrola et al. (2014), mencionan lo alarmante que es en México el aumento de la violencia, pues para el 2010, se reportaron un total de 22,714,967 crimenes cometidos. Pareciera así pues que el delito es parte de la vida diaria y modifica así el estilo de vida de la sociedad.
    Para entender con cláridad qué nos ha llevado a esta violencia en México, es importante considerar las características de la época actual, ya que éstas han llevado también a la sociedad a una nueva forma de organización. Esta situación se debe en parte al desarrollo tecnológico e industrial, así como también por los cambios sociales. Nos encontramos en una época en la que se pregona “la igualdad de género”, en donde la mujer comienza a incorporarse en espacios en lo que antes no tenía cabida, mujeres que se niegan a asumirse sólo como esposas y madres, mujeres que no necesitan estar siempre al servicio de los demás. Así pues, en este nuevo milenio, que recién comienza, podemos observar como la forma en la que una pareja establece vínculos entre sí, va cambiando. En la medida que avanza el siglo XXI, varias tendencias económicas, políticas, culturales, demográficas y psicopatológicas están causando un gran impacto en la sociedad, en cada individuo. Se enaltece la belleza y la juventud, y vemos cómo la tecnología ha contribuido a que se den cambios sustanciales en el establecimiento de las relaciones interpersonales, en donde no solo nos referimos a las relaciones de pareja, sino también las amistosas, laborales y las familiares. Los jóvenes añoran obtener de forma rápida una estabilidad económica, de ahí que pertencer al crímen, para obtener dinero “fácil”, se convierta en una buena opción.
    Estas nuevas tendencias y cambios hacen que los individuos se vean en la necesidad de adaptarse a nuevos esquemas de conducta y de relaciones interpersonales; la globalización, la apertura económica, la competitividad son fenómenos nuevos a los que tienen que enfrentarse los sujetos, todos y cada uno, hombres y mujeres.
    El contexto histórico de hoy nos muestra un mundo complejo, paradójico y lleno de perplejidad ante el derrumbe de viejas concepciones, en donde la mujer ahora trabaja y estudia, en donde el hombre ya no es necesario para el sostén del hogar o también puede estar al cuidado de los hijos, una época en la que las relaciones de pareja parecen evitarse, ya que se cree en una errónea autosuficiencia afectiva, señala Lipovetsky (2009) al respecto que actualmente hay una tendencia a las relaciones interindividuales, sin un compromiso profundo, con la finalidad de no sentirse vulnerable el ser humano, por lo que desarrolla una propia independencia afectiva, el vivir solo, que es el perfil Narciso. Estamos en una época en la que predominan los trastornos narcisitas de la personalidad; y vemos así una sociedad situada ante la necesidad de un consumismo extremo, en donde el sujeto cree ser feliz si tiene una camioneta del año, dinero para cirugías estéticas, un bronceado espectacular, unos lentes de sol de marca, etc., y si el crímen ofrece todo ello a los jóvenes, es atractiva la propuesta y nunca para ellos peligrosa. Estamos en una época en donde se considera al enriquecimiento como signo de progreso individual y social. Señala Lipovetsky (2009) que el éxito sólo tiene el significado psicológico de excitar la admiración o la envidia del otro.
    Vemos como en México, hay un desencantamiento de la política, es obvio que ésta ya no mueve pasiones, la controversia no moviliza ya al individuo, pareciéndole carente de sentido todo lo referente a sus gobernantes, y cómo no, si los medios de comunicación ponen a la par de noticias referentes a la guerra y la política las noticias sobre “celebridades”; el individuo no siente pertenencia a ningún movimiento social. Pareciera que la historia se va olvidando, algo así como si fueran desmoronándose grandes relatos —como si la historia fuera un cuento— y en el supermercado se puede encontrar todo lo que se busca. Los medios de comunicación están al servicio del gobierno, y los reporteros que no lo están son callados, de igual forma las desapariciones forzadas han ido a la alza, y parecen afectar a gran número de la población, el caso de los 43 alumnos de la escuela normal de Ayotzinapan es solo un reflejo de los millones de casos a lo largo del país.
    El tema de la posmodernidad pareciera ser difícil plantearlo en países donde la pobreza, la exclusión y el analfabetismo están a la orden del día, y sin embargo parece tener cierta repercusión en la forma en la que las parejas se vinculan el día de hoy, independientemente de clases sociales, sexos y edades.
    Vemos como en revistas, libros, cortes comerciales televisivos y radiofónicos, y telenovelas de hoy, esta nueva forma de vinculación social (conyugal y familiar principalmente) se plantea, así como la creación de necesidades consumistas que prometen “felicidad”, y todo este bombardeo visual y auditivo en ningún momento se queda corto con la realidad. Schreck (2014) considera que son el éxito fácil, la apariencia y el consumismo, “…bienes triviales que predominan en nuestra cultura y que favorecen las fantasías omnipotentes y megalomaníacas de los jóvenes” (párr. 24). No hay una tendencia al desarrollo de proyectos, hay más una lucha entre quién gana y quién pierde. Por ello, Janin (como se citó en Scherck 2014) menciona:
    En vez de que los ideales generen progresión y movimiento son colocados en el Yo, el yo como ideal narcisista, lo que implica su propio derrumbe. Es entonces que asoma la euforia como desmentida, la desmentida definida como una defensa psíquica para desestimar la vivencia traumática, lo que se logra a través del uso de drogas y de alcohol, o mediante la pura acción maniaca, por un lado para sentir “algo”, para llenar el vacío, y por otro lado para no pensar (párr. 24).
    Gurrola et al. (2014) mencionan que aquellas personas que han vivido alguna experiencia traumática con el crímen, experimentarán ansiedad, conllevando un daño físico y psicológico, afectando considerablemente su vida futura. Por lo tanto, en México, el tema de la inseguridad ya es un problema de salud pública que debe er atendido, ya que trae consigo problemas emocionales, dificultades académicas, depresión, comportamiento violento, uso de drogas y descerción escolar.
    Klineberg (1981) nos dice que la violencia esta siempre relacionada con la rapidez del cambio social, por lo que podemos pensar que este cambio trae consigo expectativas y a la vez frustraciones que originarán violencia, además también este cambio trae consigo inestabilidad. Gurr (como se citó en Klineberg, 1981) realizó estudios cuantitativos del tema, concluyendo: “El conflicto violento es mayor en las naciones en desarrollo, menor en las naciones modernas, intermedio en las naciones menos desarrolladas y más tradicionales” (p.131). Así pues, la violenca disminuye a mayor estabilidad económica, y contrariamente va en aumento cuando se producen cambios sociales y culturales. Tal es el caso de México, ya que no tenemos una estabilidad económica, pero si intensos cambios sociales. Otro de los factores que llevan al aumento de la violencia social, señala Klineberg (1981) resultan del sentimiento social de enojo, ante un gobierno que no responde “… a las necesidades y a los deseos populares (democráticos)” (p. 132). Esta es la situación actual del país, gobernantes que no atienden las necesidades de la población. Y por último, el factor de la historia, en este caso la de México, que es en su tradición violenta apoyada en valores con los mismos ideales, este es otro de los aspectos que los sociólogos consideran para el desarrollo de la violencia social, el hecho de que esté en la historia cultural.
    Para Klineberg (1981) otro factores que llevan a la violencia son los siguientes:
     Edad y Sexo: aún y con excepciones, la violencia es más común entre varones, tal es el caso del machismo que ejerce cierto tipo de presión cultural.
     Clase social: en clases socioeconómicas bajas es más común la violencia.
     Raza y grupo étnico: Las disparidades sociales, políticas y económicas entre
    razas llevan a que aquella que sea considera inferior sea más violenta.
     Características Psicológicas: el egocentrismo y la falta de control de impulsos
    son características que llevan a violencia.
    También señala Klineberg (1981) que no existe una relación entre el aumento en
    la población y la violencia, así como tampoco con causas de tipo biológicas.
    En cuanto al tema de los medios de comunicación, y para concluir al respecto, Halloran (1981), menciona que es un hecho que la información violenta que los medios de comunicación presentan a la sociedad, tiene consecuencias sociales y políticas y que determinan en mucho la percepción que se tendrá sobre la violencia, pues tendrá efectos negativos y perturbadores por un lado, y solo positivos en el sentido de actuar como instrumentos de control social, pues desde el punto de vista del gobierno y su necesidad de reestablecer el orden es básico presentar este tipo de información; sin embargo, ello no lleva a un cambio social por lo tanto cualquier país en donde los medios de comunicación son utilizados por el gobierno para intimidar a partir de la presentacion de notas sobre violencia, o manipular la realidad social, generarían un estancamiento social.
    Hay muchos formas en las que la violencia social se manifiesta hoy en día, y los psicólogos sociales realizan constantemente estudios con la finalidad de comprender las problemáticas que nos atañen, para poder así desarrollar estrategias de intervención y prevención. Los estudios de Spitz P. (1981) nos hablan de cómo existen paradojas sociales, como el hecho de que las comunidades rurales, aún trabajando la tierra, tengan una mayor dificultad para alimentarse a diferencia de las poblaciones urbanas, incongruencias en donde la política y la economía terminan teniendo una participación desigual. La violencia social, es un fenómeno que merece ser estudiado desde sus diferentes caras, y desde la psicología con miras a desarrollar programas de intervención.
    Pareciera que la violencia hoy en día es algo común; como diría Schreck (2014) “Vivir fácil, ganar mucho, gozar efímeramente, morir pronto… El placer dado por la descarga inmediata” (párr. 24).

Para conocer la bibliografía de este escrito contactarme por este medio.