Category Archives: Psicoterapia Psicoanalítica

ALIANZA TERAPÉUTICA

Autor: R. Horacio Etchegoyen
Texto: Los Fundamentos de la Técnica Psicoanalítica
Alianza Terapéutica
 “A lado de la transferencia se encuentra siempre algo que no es transferencia, y a este algo lo vamos a llamar… alianza terapéutica”

Etchegoyen 1986

 

Etchegoyen plantea que el Yo en el proceso terapéutico pasa por un proceso de disociación terapéutica del yo. Esto quiere decir que el Yo se divide, en uno que se resiste al tratamiento y en otro que coopera en el mismo conocido como el Yo observador, es decir, el paciente es capaz de autocriticarse y analizar lo que hace. Esta disociación se explica a partir de la base de que esta instancia psíquica tiene una parte consciente y otra inconsciente.

 

La parte del Yo, observadora, se debe a cierta identificación con el terapeuta, es decir, en el proceso, el analista invita a el paciente a que reflexiones sobre sus actos y que trate de encontrar la explicación, es decir, comenzar a buscar los contenidos inconscientes que lo movilizan, esto se facilita cuando como analistas tenemos ya un trecho avanzado en nuestros propios conflictos; hemos invitado a el paciente a reflexionar sobre los de él a partir de los señalamientos, confrontaciones e interpretaciones.

 

“Al interpretar el conflicto transferencial, el analista contrapone los elementos yoicos que se conectan con la realidad y los que tiene una catexia de energía institiva o defensiva. De esta manera, el analista logra una disociación dentro del yo del paciente…”

 (p. 263)

 

Esto es, la base de la alianza que permite que el tratamiento se lleve acabo.

 

El paciente entonces pues se identifica con el analista, en especial con la actitud interpretativa, volviéndola suya.

 

Señala también Etchegoyen, al referirse a Zetzel que la alianza terapéutica es una parte de la transferencia. Diferenciando entonces que la “neurosis” de transferencia que aparece avanzado el tratamiento, es distinta a la transferencia en etapa inicial, es de esta transferencia inicial, de la que depende la alianza terapéutica, es esa parte consciente del paciente que pide ayuda, depositando en el analista sus expectativas.

 

La Alianza, según señala Etchegoyen, debe de reforzarse, es decir, a partir de nuestra actitud analítica y empática invitar al paciente, en cada sesión, al análisis. Por ejemplo, cuando se avecinan las vacaciones, considero que cuando son pacientes que están en etapa inicial del tratamiento es importante reforzar la alianza  haciéndole ver los avances que ha tenido y cómo el análisis le ha ayudado en distintas áreas, al mismo tiempo que se le recuerda que apenas se está comenzando y que será algo que se continuará trabajando, y que se le estará esperando; creo que es una forma de invitar al paciente y mostrarle el interés en él.

 

Etchegoyen considera que el hecho de que el analista acepte sus errores técnicos con el paciente contribuyen a fortalecer con la alianza terapéutica, lo cual no implica confesar las reacciones contratransferenciales .

 

En niños, la alianza tiene distintos matices, plantea Etchegoyen que lo primero es que el niño acepte que tiene problemas. Así pues se hace una alianza con el niño a partir de que se convenza de que es necesaria su asistencia así como su participación, y por otro lado los padres también tienen un papel importante e imprescindible en el tratamiento, pues sabemos que son ellos quienes llevan al niño.

 

Respecto a la pseudoalianza terapéutica la mejor forma de identificarla es a partir de la contratransferencia, son aquellos casos en los que el paciente parece poner de su parte, pero da la sensación de que no lo hace por él sino por complacer a los demás.

 

Breves notas sobre la Alianza Terapéutica.

Para información sobre este breviario contactar por este medio.

Contratransferencia

 

“Nos hemos visto llevados a prestar atención a la contratransferencia

que se instala en el médico por el influjo que el paciente

ejerce sobre su sentir inconsciente,

y no estamos lejos de exigirle que la discierna

dentro de sí y la domine”

(Freud, 1910)

 

  1. El concepto de contratransferencia:

 

Laplanche y Pontalis (1993) definen contratransferencia como el “Conjunto de las reacciones inconscientes del analista frente a la persona del analizado y, especialmente, frente a la transferencia de éste” (pág. 84).

Es común que se entienda por contratransferencia a aquellos sentimientos que se despiertan en el analista ante el paciente; así pues, cuando al psicoterapeuta psicoanalítico se le pregunta, cuál es la contratransferencia en determinado caso, es común escuchar respuestas que se asocian con enojo, aburrimiento, cansancio, angustia, confusión, etc. Pero ¿qué es lo que lleva a que se despierten determinados afectos en el analista? ¿Por qué de una gama de afectos, se despiertan unos en específico y con determinado paciente?

Ya es un gran paso que el analista esté al tanto del sentir que le provoca el paciente, registrar los afectos que se van despertando a partir de la comunicación verbal y no verbal. Conforme avanzamos en el estudio de la técnica Psicoanalítica y aumenta nuestra experiencia clínica, nos  damos cuenta que no es solo detectar ese afecto, es ése un primer paso, al que luego seguirá el preguntarnos qué de lo que hace o dice el paciente despierta los propios conflictos inconscientes llevándonos a que se despierte tal afecto, como no poner atención en el tema, “a no entrarle” desviando el discurso, olvidando la regla básica de la asociación libre y de la atención libremente flotante, esto como defensa ante los propios conflictos, convirtiéndose así la contratransferencia en un obstáculo.

Así pues una propuesta breve de definir  la contratransferencia es:

Contratransferencia: respuesta que tiene el analista ante la Transferencia del paciente; en donde ésta, la contratransferencia, a su vez permite entender, interpretar y diagnosticar al paciente.

  1. La contratransferencia y su papel en el tratamiento:

Analizar la contratransferencia, cuando nos estamos iniciando en la práctica clínica, resulta complicado, pero no por ello imposible. La contratransferencia puede convertirse en una herramienta útil para el tratamiento, ya que entendiendo sus bases inconscientes, puede favorecer en avances al tratamiento. Una vez que ponemos atención a lo que nos hace “sentir” el paciente, debemos ir más allá, es decir, buscar lo latente, qué de nuestro mismo inconsciente emerge y busca expresarse a partir de la relación con el paciente. Se pide al analista que tenga una actitud abstinente, para lo cual Freud recomendaba el autoanálisis, o que en nuestro caso sería acudir a un proceso de psicoterapia psicoanalítica, el cual nos permitirá entender los propios conflictos inconscientes y poderlos descifrar al estar con el paciente, para que al aparecer temas difíciles  de la propia historia no nos lleven a evadir el tema.

La contratransferencia sirve de guía al terapeuta en el tratamiento, nunca se revelan al paciente las propias reacciones, sino refiriendo de éstas cuáles son los propósitos ocultos de la conducta del paciente. Algo que se presenta al trabajar con personalidades narcisistas, por ejemplo, son reacciones en donde lo que opera es una desvalorización del paciente al terapeuta, tal es el caso de Isabel, presentado por la compañera Emma Pérez, en el cual se ve como la paciente devalúa por su omnipotencia, y que según expresiones de Emma, era lo que le molestaba de esa paciente, si entendemos que son mecanismos propios de las personalidades narcisistas, no caeremos en las actuaciones contratransferenciales, aunque también debe considerarse para estos casos que si como analista no tenemos resueltos nuestros conflictos narcisistas, ante la idealización del paciente se experimentará rechazo o aceptación en exceso, si se da la aceptación conllevaría la pérdida de la neutralidad, al igual el experimentar rechazo puede deberse a que esa idealización no es real y tiene elementos de control, una vez que se identifica como parte de los mecanismos de defensa del paciente tanto la idealización primitiva como el control omnipotente deben ser interpretadas, para que el paciente comprenda su necesidad de desvalorizar para defenderse de la envidia, y en el caso de Isabel ubicar la forma en la que se vincula; esto mismo debe considerarse con los adolescentes por los movimientos narcisista que los caracterizan.

Cuando la contratransferencia no es entendida, se hacen intervenciones que nada tienen que ver con el paciente, a lo que se les llama actuaciones contratransferenciales, con las cuales, se está lejos de entender al paciente. No se trata entonces de que el analista sea un humano frío sin sentimientos. Hay dos personas que se encuentran, paciente y analista, en los dos se despertarán emociones,  solo que el analista ubica y evita que interfieran en el tratamiento, empleándolos a favor de éste. Kernberg (1979) refiere que la contratransferencia puede ser utilizada como un instrumento diagnóstico. Por ejemplo, cuando uno, como terapeuta,  detecta lo que le hacen sentir los neuróticos obsesivos, pude volverse esa “sensación” o afecto en un indicador para el diagnostico, que será solo cuestión de corroborar.

Etchegoyen (1986) al referirse a  Racker, menciona que la contratransferencia, se clasifica en concordante y complementaria.

“en la contratransferencia concordante el analista identifica su yo con el yo del analizado, y lo mismo para las otras partes de la personalidad, ello y superyó. En otros casos, el yo del analista se identifica con los objetos internos del analizado, y a este tipo de fenómenos Racker le llama contratransferencia complementaria…” (pág. 299).

  1. Contratransferencia en el caso Thomas:

Elegir el tema de la contratransferencia para este ensayo no fue azaroso, ya que cuando se revisó este caso en el salón de clases, en varios puntos de la historia del paciente, identificaba algunas cosas con mi propia historia e inclusive en ocasiones, al revisar el caso aparecían asociaciones propias, lo cual complicaba el entendimiento de qué sucedía a Thomas. Una vez elegido el tema para este trabajo, comenzarlo parecía en realidad una resistencia, pues tener que hablar de mí en relación al paciente se volvía “confuso” y complicado, pues había que analizar qué en mí estaba despertándose, y además había que exhibirse.

Iniciaré por hacer un análisis de mi contratransferencia a partir de la historia Clínica. De la demanda manifiesta de tratamiento de Thomas (si olvidar que llama la madre y lo lleva la hermana), lo que más llama mi atención son los problemas con el padre, que, como luego se especificará en la Historia clínica y sesiones, es parte importante para el entendimiento de el caso, sin embargo ubico mis propias dificultades con la figura paterna, conflictos que gracias a el propio análisis han podido irse esclareciendo, por lo que si fuera mi paciente tendría que estar pendiente de ubicar qué es mío, para no caer en suposiciones que no me permitieran escuchar al paciente. Cuando Thomas describe a su padre como “un hombre arrogante e imponente, imposible de complacer”, sentía estar, en cierta forma, en una situación parecida a la de Thomas; inclusive al releer la historia, resulta curioso que solo fuera eso lo que llamara mi atención de la descripción de el padre de Thomas, pues hay muchos otros puntos importantes que no  había considerado, si esto sucede al leer una historia clínica, veríamos como esto es parecido a lo que pasa al estar ya con el paciente, en donde la atención “libremente” flotante parece no ser tan libre. También es importante señalar que conforme se va teniendo mayor experiencia clínica se vuelve más sencillo identificar estas reacciones, e inclusive se convierten en un instrumento diagnóstico, por ejemplo: Thomas llega hablando de “estar deprimido, sin ganas de hacer nada, perdiendo años en la escuela, y con sentimientos de caerles mal a todos” este discurso, no solo en este paciente, sino en muchos otros, aunándole esa necesidad de ser “cargados por la vida”, provocan en mi una molestia muy peculiar, es enfado y un deseo como de “cachetear” al paciente para que reaccione, en otros casos, me descubría actuando este deseo agresivo con intervenciones que para el paciente resultaban dolorosas, por lo que es algo que me sirve para diagnosticarlo en un primer momento, pero siempre tomándolo en cuenta para no actuarlo, entones, esta reacción tiene que ver con la tendencia pasivo-agresiva en este tipo de pacientes y sus rasgos dependientes.

Otra parte de la historia de Thomas, que mueve mis propios conflictos, es cuando habla de la secundaria, que en realidad hablaríamos de la etapa de la adolescencia, ya que señala no relacionarse con sus compañeros, lo cual reactiva mis propios conflictos en esta etapa, caracterizada por el aislamiento social, lo cual supongo me permitiría desde la contratransferencia concordante empatizar con el paciente, es decir ser capaz de ponerme “en sus zapatos”, entender lo difícil que pudo ser para él, además de que al tener el conocimiento teórico sobre lo que caracteriza a esta etapa me permitiría comprender qué sucedía al paciente; siempre tratando de evitar que la contratransferencia me impida entender al paciente, pues es común que se busque entender los propios conflictos, queda claro que todo esto a un nivel inconsciente.

En ocasiones, uno llega a sentir con los pacientes, que por alguna razón “extraña”, resulta muy complicado entender qué es lo que les sucede, no siempre es culpa de la contratransferencia, ya que también debemos tomar en cuenta que hay casos en los que la psicopatología aún no ha quedado clara; pero cuándo sí es la contratransferencia y los temas en algún paciente resultan incómodos, y es imposible conectarse (hacer clic) con el paciente, eso se vuelve material-tema de análisis, lo cuál es algo muy “padre” ya que no se revisa qué pasa al paciente, sino qué me sucede a mi, en relación a ese paciente, y entonces es cuando puedo ver como mi propia historia no me permite ver claramente al paciente; es como si entre el paciente y yo hubiera un cristal, un cristal que yo ensucié, y llené de recortes e imágenes, pero que me pertenecen a mi y que yo fui quien decidí poner ahí. Ya después de haber revisado, esas “extrañas” reacciones con determinado paciente, ese cristal poco a poco vuelve a ser transparente. Nosotros como terapeutas, nunca dejamos de sentir, pero si ubicamos lo que sentimos y sabemos a qué se debe, podremos darle un significado, seguir siendo “neutrales” y utilizándolo a nuestro favor y sobre todo a favor de el paciente, evitando actuaciones contratransferenciales, entonces pues después de revisar qué ha pasado conmigo y por qué las dificultades con tal paciente, poco a poco resulta más fácil entenderle, y entonces es como si se estuviera una plaza de toros, en el ruedo, al mismo tiempo que desde las gradas (el yo observador) podemos ver que es lo que nos pasa en relación a el paciente. Debe reconocerse que aún y con un tratamiento analítico de varios años, debe aceptarse que siempre se debe de esta al tanto de la contratransferencia.

Uno de los momentos en el que es común observar lo difícil que es no actuar la contratransferencia, es ante los silencios. En mi propia experiencia, recuerdo lo complicado que era observar, y en ocasiones aún lo es, como el paciente se angustia ante el silencio, por lo que era yo quien lo rompía, con intervenciones que en nada venían al caso, y que eran asociaciones propias; como una necesidad de calmar esa ansiedad por el temor a que se desborde la propia angustia, y a la vez la del paciente y temor a no poderla controlar.

Con pacientes dependientes me he descubierto gratificándoles dándoles más tiempo de la sesión, aceptando la dependencia, pero por lo regular violando el encuadre (que por cierto es ponerse al favor de la resistencia si no se trabaja). Entonces, por ejemplo, en el caso de Thomas, yo veo a un paciente que le “gusta” que lo vayan “cargando” por la vida, por lo que hay que estar al tanto de eso, y cuando lo sienta o vea señalarlo o interpretarlo de cómo el paciente demanda eso, primero haciéndoselo ver para corroborar que no es algo propio, ya que si no se identifica se puede caer en dar consejos,  haciendo así que Thomas siga sin hacerse responsable de si mismo.

De igual forma, estar al tanto de esta parte dependiente, y no confundirlo con alianza sino como una repetición de sus relaciones, y desde ahí entonces ubicar el sentimiento e interpretarlo, se me ocurre de la siguiente forma:

“Es curioso como siempre pides que te lleven por la vida, y parece que buscas lo mismo aquí, siempre preguntando “qué hago”, en lugar de responsabilizarte.”

Por otro lado, regresando a lo de mi propia relación con la figura paterna, al leer las sesiones pensaba “no, Thomas, no puedes enfrentarte así al padre”, por lo que yo pensaba que no era lo correcto que el paciente tuviera esos arranques hacia el padre, arranques violentos y entonces se me ocurrían intervenciones como: “por qué no te alejas”, “por qué no lo evitas”, “por qué mejor solo lo escuchas”, lo cual no estaría ayudando a entender al paciente, ya que como después se vio, en la supervisión, en realidad le aterran los impulsos agresivos por ser como el padre, por cuestiones de indiferenciación con la imagen que tiene del padre, por lo que la agresión busca otras formas de expresión, y entonces para lastimar al padre tiene el que sabotearse y lastimarse.

Ahora bien, supongamos que Thomas es paciente mío, a partir de la sesión del 11 de octubre de 2007, en donde agregaré cosas de la sesión real y cosas que creo podría llegar a contestar el paciente (a lo que, claro, ya debe considerarse contratransferencial):

Llega Thomas platicando que llevó el carro de Eloísa con el mecánico, con el que él lleva su carro, y ahí estaba su padre y el mecánico le pide que lo salude “… pues le tuve que ir a saludar a mi papá porque se me hizo feo no hacerlo, y pues ahí voy con Eloísa a saludarlo; empieza: -hola cómo están jóvenes- y le contestamos que bien, y luego nos pregunta que si llevé mi carro al servicio, y le dije que no, que era al de Eloísa, y que empieza: -y qué carro es, cuántos litros de gasolina gasta por cada 15 km- y cosas por el estilo, que Eloísa ni entendía ni le interesaba…” y después le pide se encargue de la casa de las colinas “… para que riegues los arbolitos, y yo le contesté que estaba bien, que nada más me llamara cuando ya se fuera a ir” y después el padre comienza a pedirle otros favores haciéndose, según palabras de Thomas, el chistosito lo cuál comenzó a molestar a Thomas.

Terapeuta ( T ): Oye Thomas, pero, a ver, no me queda claro, qué fue lo que te molestó.

Paciente ( P ): no, pues, la actitud, que comenzara a burlarse…, que si ya me iba a crecer la pelona, y más que nada que ahí estaba Eloísa, “siempre me lo encuentro cuando menos quiero, cuando menos necesito verlo…” “como a Eloísa ya le había platicado mucho de él, pues ya hasta le cae mal. Y cuando estaba mi papá platicando con ella, ella le hacía mala cara; y cuando se dio cuenta que yo me estaba enojando y que me abrazó, lo hizo para que me tranquilizara”.

T: a ver, espera, sí, por lo que me has contado de tu papá, el a sido agresivo contigo, pero me da la impresión que en esta ocasión a las palabras de tu padre les diste la connotación de “me está agrediendo”.

P: No, pues, es que igual y ya estoy muy a la defensiva, pero es que siempre ha sido así. No se, es que yo comencé a sentirme “chiquitito, chiquitito, como si me estuviera reduciendo a nada, escurriendo. Y es que mi papá provoca eso en mí. Quisiera deshacerme de su sombra y de su peso, pero no puedo. Nunca desperdicia la oportunidad para hacerme sentir mal; y no entiendo por qué”

T: creo que se ha vuelto una sombra porque tú ahí lo has puesto.

P: pues si, pero para qué.

T: tú para qué crees

P: No lo se, igual y porque siempre me ha hecho daño.

T: me da la impresión de que Thomas, no se ha dado cuenta que esa sombra no es otra cosa, más que tú mismo proyectado según de donde venga el rayo de luz. Y que te sometes a esa sombra, y lo único que queda claro es que siempre te auto-saboteas, esa sombra te opaca y tú no haces nada para dejar de cumplir eso…

P: …

Esta breve viñeta, permite ver como, yo supongo lo que contestará el paciente, quizá algunas partes plagadas de la propia historia, pero también, esto es parte de lo que pasa al estar con paciente, debemos de tener presente hacia donde va el paciente, ir algunos pasos adelante, seguirlo e irle guiando. Yo supongo que esto ayudaría a Thomas a ver que la representación que tiene del padre es algo que él ha creado, que hace falta integrar algunas partes de éste y que esa representación que tiene de el objeto lo lleva a creer que siempre el padre lo está queriendo dañar, y al no diferenciarse él del padre (a fin de cuentas lo describe como una sombra y las sombras son el reflejo de uno mismo) entonces él se lastima, porque si él no sobre sale y está en la oscuridad, la sombra tampoco lo hace, y que coloquialmente y dependiendo de la alianza podría decírsele también, algo así como: “es una forma de “joder” al padre, dándote tú en la “madre”.

Quizá una de las dificultades para el trabajo de la contratransferencia es que para trabajarla y resolverla debe de sacarse a la luz, lo que para algunos pudiera representar el que se den a conocer los conflictos internos, pero a la vez eso, el abrirse a la comprensión de la contratransferencia es lo que nos  permitirá conocer mejor de su manejo, evitar que se vuelva un obstáculo y ponerla al servicio del tratamiento.

 

 

Para conocer la bibliografía, contactar por este medio.

Jorge

Factores Terapéuticos

 

Los factores terapéuticos son elementos importantes para la psicoterapia psicoanalítica, permitirán avanzar y llegar a un objetivo determinado, son tres:

 

  1. la interpretación.
  2. el vínculo.
  3. las construcciones.

 

Es la interpretación del que por lo regular más se habla y al que se le da mayor importancia. Quizá esto se debe a que este instrumento es el que diferencia al psicoanálisis y terapias psicoanalíticas de otros tipos de terapias. Son la sugestión, la abreacción, la manipulación y el esclarecimiento  elementos técnicos en todas las psicoterapias, elementos que utiliza también el psicoanálisis, solo que este agrega la interpretación.

 

“La interpretación del sueño es la vía regia

hacia el conocimiento de lo inconciente

dentro de la vía anímica” [1]

Freud 1900

 

Dentro del campo terapéutico es el paciente quien aporta el material con el que trabajaremos, sobre ese material el terapeuta utilizará instrumentos ya sea para influir sobre el paciente, recabar información o para informar. La interpretación es un instrumento que sirve para informar al paciente algo de lo que no tiene conocimiento.

La interpretación como instrumento técnico fundamental sirve para darle al paciente información sobre sí mismo y lo que le pasa, algo que él ignora con la finalidad de que comprenda su realidad psicológica.

Toda interpretación tiene que basarse en una teoría y es más probable que sea cierta si el analista es consciente de la teoría en que se basa para hacerla, ya que si no lo es o incluso si cree que esta desprovisto de ella, su intervención obstaculizará en mayor medida una visión más amplia de la situación.

La primera característica que debe tener la interpretación es que debe hacerse dentro del consultorio cualquier interpretación fuera de éste es una interpretación silvestre (Freud, 1910), ya dentro del consultorio se interpreta cuando hay un timing,  es decir, cuando es el momento oportuno para hacer dicha intervención.

 

 

Hay distintos tipos de interpretación como por ejemplo:

 

  1. Interpretación completa: es aquella en donde se toma en cuenta la transferencia, el afuera y el pasado del paciente.
  2. La interpretación mutativa que es la que busca diferenciar el mundo interno del externo del paciente.

 

Se interpreta para producir INSIGHT, el insight es el beneficio inmediato de la interpretación. Es el momento en que una parte inconciente se vuelve conciente, entonces pues el insight tiene que ver más con la primera tópica (1900),  una vez que la interpretación a producido insight en el paciente es necesario seguir trabajando ese nuevo conocimiento, que el paciente lo elabore con la intención de que se produzca un cambio estructural, que tiene que ver más con la segunda tópica (1923), entonces pues la interpretación tiene dos tiempos una vez que se da el timing que son:

 

  1. el insight (la adquisición de un nuevo conocimiento, hacer CC lo ICC)
  2. la elaboración (que ese nuevo conocimiento produzca un cambio estructural)

 

Entonces, pues, técnicamente se busca un timing para  hacer la interpretación al paciente, se produzca en él insight  y luego elabore eso que se ha hecho conciente, basándose en  este caso en la teoría de los modelos tópicos.

 

Cuando al hacerle al paciente una interpretación y éste da un sentido diferente a las palabras, el terapeuta deberá hacer nuevamente la interpretación en un momento oportuno, señalando cómo anteriormente se había dado un significado distinto a las palabras.

 

Toda interpretación en psicoanálisis parte de la posibilidad de dar a conocer al paciente el sentido de aquello que le era desconocido de él mismo. Etchegoyen afirma que para que esta información sea calificada de interpretación debe ser veraz, desinteresada (la única intención es ofrecer información al paciente) y pertinente (útil para el paciente). Pero también debe estar correctamente formulada, es decir que pueda ser comprendida por el paciente.

Así pues, la interpretación es un paso poco grato para el paciente, ya que se relaciona con el inconsciente, se superan las resistencias y se revive lo reprimido. Hay autores que hablan sobre interpretar la transferencias, si se sigue esta teoría la técnica interpretativa se basará en ella.

El segundo factor terapéutico es el vínculo, que tiene que ver con la necesidad  de  sentir aprecio y respeto por el paciente, podría pensarse que como con un amigo se tienen dichos sentimientos sería ideal trabajar con él, sin embargo como señala Freud en “sobre la iniciación del tratamiento” [2] (1913)  tendría que sacrificarse la amistad al tener de paciente a un amigo o  a algún familiar, en estos casos el vínculo amistoso tiene que romperse para poder implementar un vínculo terapéutico, además, creo yo que el terapeuta tendría que estar muy al pendiente de su contratransferencia si es que aceptara, aunque lo ideal sería que no lo hiciera.

 

No hay vínculo si no hay elementos de sugestión, abreacción y manipulación. Debe quedar claro que estos elementos no son herramientas para el cambio psíquico pero su aplicación favorece la relación terapeuta-paciente. La sugestión tiene que ver con el sugerir, un ejemplo de ello puede ser decirle al paciente: ¿Que hiciste tú para que te hicieran eso?; la abreacción tiene que ver con la integración, con el integrar  lo que dice con el afecto que muestra. El vínculo además en cierta forma tiene que ver con la empatía y con que el paciente tenga cierto grado de confianza hacia el terapeuta, además el vínculo favorece a que las intervenciones del terapeuta sean captadas por el paciente, un vínculo negativo podría generar el rechazo de una interpretación o de una construcción, sin embargo si se acepta no siempre indica que hay un cambio que opera en la mente, puede ser solo una respuesta para agradar al terapeuta.

 

El tercer factor terapéutico son las construcciones que se refiere a reconstruir la historia del paciente, no se trata de alterarla, sino de ver a qué se le ha dado un significado erróneo que hace que hoy en día se vean afectadas sus relaciones. También el reconstruir ayuda a recuperar recuerdos olvidados que al recordarlos dan lógica a la historia del paciente.

 

“Su trabajo de construcción o, si se prefiere, de reconstrucción muestra vastas coincidencias con el del arqueólogo que exhuma unos hogares o unos monumentos destruidos y sepultados” [3]. (Freud, 1937)

 

La construcción al igual que la interpretación da al paciente información de él mismo. Recuerdo una paciente de 22 años que  aseguraba haber sido abusada sexualmente por dos primos cuando tenía tres años, sus primos, mayor que ella por uno y dos años respectivamente, jugaban con ella y la tocaban y ella de igual forma los tocaba, contando su historia se encontró que fue hasta la edad de 11 años que ella le dio el significado de abuso sexual a esos juegos, asegurando además que ya no era virgen, ya que estando en sexto de primaria la maestra se burlaba de las adolescentes que se embarazaban y les repetía constantemente que no se dejaran tocar ya que quedarían embarazadas. Los comentarios de la maestra y los juegos de su infancia con un significado erróneo le impedían relacionarse con sus compañeros hombres volviéndose introvertida, diciendo: “¿qué les voy a decir? Que dejé de ser virgen a los tres años”. Al analizar sus juegos infantiles y al ver  que la maestra estaba equivocada, poco a poco la paciente se dio cuenta que no era posible que hubiera sido abusada que más bien solo jugaban y que sus primos eran muy pequeños como para haber abusado sexualmente de ella enseguida vinieron a su mente los diversos juegos de su infancia. A lo largo de mi análisis personal al ir reconstruyendo mi historia me fui dando cuenta de partes mal entendidas, que tenían un significado erróneo, situación que me hacía no ver ciertas cosas en determinados pacientes. Al momento de reconstruir se recupera lo olvidado, o es asimilada cierta información, es entonces donde esta nueva información debe operar en la vida mental del paciente.

 

Freud decía que el Psicoanalista tiene posibilidades de rescatar lo sepultado ya que lo esencial se ha conservado, se encuentra presente de algún modo, solo que el individuo no puede llegar a ello. En cierto modo da la impresión de que este reconstruir es el que va abriendo paso al terapeuta para formular hipótesis que se convertirán en las interpretaciones que se darán al paciente.

 

Etchegoyen señala: “si algo distingue la interpretación de la construcción es que ésta intenta recuperar un acontecimiento del pasado. La construcción busca el pasado, la interpretación lo encuentra”[4].

 

Ahora bien, lo que como psicoanalistas interesa es la realidad interior, como ha sido asimilado por el paciente su entorno, sus relaciones, etc. al analizar ésta realidad el paciente irá reconstruyendo su historia, en ocasiones se harán interpretaciones y el vínculo se fortalecerá.

 

Tomando en cuentas estos factores terapéuticos nos damos cuenta que por un lado está la teoría, la que nos habla de ellos, del por qué usarlos, el para qué sirven y por otro lado la técnica, en qué momento usarlos, como llevarlos acabo, en cierta forma que pasos seguir; la teoría y técnica van ligadas ya que no basta con conocer la teoría para estar frente a un paciente, es necesaria la clínica y el análisis personal para poder aplicar la técnica. Técnica que no se aprende de los libros si no de la práctica clínica, de llevar pacientes y del propio análisis del que también puede aprenderse bastante.

 

 

“Al médico no le basta, entonces, conocer algunos de los resultados del psicoanálisis; es preciso familiarizarse también con su técnica si quiere guiarse en la acción médica por los puntos de vista psicoanalíticos”[5].

Freud 1910

 

Para mayor información sobre la bibliografía contactar por este medio.

[1] AE 5 Pág. 597

[2] AE 12 Pág. 127

[3] AE 23 Pág. 261

[4] Los fundamentos de la técnica Psicoanalítica. Etchegoyen. Amorrortu Editores.

[5] AE 11 Pág. 226

 

Jorge