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Materiales para la hora de juego terapéutica.

Para la horas de juego, se requiere una sala de juegos y materiales específicos, Efron et al. (2009) dentro de sus materiales proponene los siguientes:

 Papel Bond, colores, crayolas, plumones, tijeras de punta redonda, pegamento, y lápices.
 Trozos de tela.
 Animales salvajes y domésticos.
 Familia de muñequitos, en diferentes presentaciones —pueden ser de tela,
plásticos, de madera, guiñoles, marionetas—.
 Bebés. Carros, canastas o aviones pequeños que sirvan al menor como
continentes.
 Paredes lavables y un espacio suficientente grande para la movilidad del niño
durante el juego, una mesa de trabajo y sillas. Agrego, según mi experiencia, los siguientes materiales:
 Dinero de juguete, monedas, cajas registradoras.
 Juegos de mesa, rompecabezas.
 Acuarelas
 Bloques para armar, plásticos o de madera, de fácil manejo para el menor.
 Juguetes de peluche.
 Un cajón de arena y palas.
 Juguetes electrónicos como tablets o videjuegos3.
 Juguetes bélicos como lo son soldaditos de plástico, carritos militares, tanques
de guerra, pistolas y espadas, considerando que no sean peligrosas al momento
de su uso.
 Juguetes médicos, como estetoscopios de juguete o micoscopios que permitan
al menor expresar sus fantasías de cura.
 Agua y cubetas pequeñas.
 Cartón, en pliegos o en cajas.
Desde el proceso diagnóstico, el psicólogo debe considerar explicar al menor, en forma breve y clara los roles que cada quien tiene, las limitaciones del espacio y tiempo, el material a utilizar y la forma de su uso, y el motivo por el que es llevado con él.

Educar nuestras emociones empieza en casa.

La salud mental, que tantas veces se menciona ser tan importante como la salud física, es no solo cuestión de ir al psicólogo o psiquiatra, es una cuestión de educación familiar. Es importante aprender dentro de la familia a hablar sobre este tema, educar sobre las emociones, sobre lo natural que es sentir enojo, alegría, envidia, rabia… emociones que despiertan sentimientos de venganza, de competencia… y que alimentan nuestras motivaciones, ilusiones, sueños y planes a futuro.

Es por ello que dentro de la familia es donde aquella trillada pregunta, que se piensa se hace siempre en terapia, debe existir: ¿y qué te hace sentir ? Muchas veces el error en el cuidado de la salud mental reside en deducir lo que el otro siente, “está enojado porque tiene tarea”, “está celoso porque nació su hermanito”, “se puso borracho porque extraña a la exnovia”, por empatía podemos deducir lo que el otro siente y varias veces estaríamos en lo cierto, pero, y ¿cuándo no es correcta nuestra interpretación?

Hablar de las emociones resultaría positivo porque se expondría lo que se siente, lo que se piensa y el cómo se entiende el mundo, y a partir de ahí iniciar la conversación entre hijos, padres, esposos o nietos, educándose y educando en el tema de la salud mental.

El discurso que escuchamos varias veces como psicólogos, nos lleva a descubrir que hay pacientes que no saben hablar de sus emociones, que se les adjudicaron sentimientos que en realidad no tenían, personas presionadas por secretos familiares y por una imposibilidad para hablar de lo que sienten, o peor aún de conectar el discurso con la emoción, personas que cuentan historias verdaderamente tristes pero sin lágrima alguna en su rostro, y viceversa, pacientes con momentos muy alegres pero padeciendo y culpándose de poderlos disfrutar. Todo esto en el ambiente familiar en cierta forma se fue normalizando, y es lo que con el tiempo fue afectando la salud mental.

Hablar sobre las emociones dentro de la familia facilitaría cuando alguien acude al psicólogo el hablar de un tema que en familia ya ha sido hablando, convirtiendo así el espacio de la terapia en un espacio que no genere ansiedad ante la situación de exponer lo que nunca se habla en casa. Quizá de ahí venga la broma a esta pregunta: ¿y cómo le hace sentir eso?, convirtiéndola así en una tontería de pregunta y no en un cuestionamiento sobre el por qué nadie me lo había preguntado en casa.

La comparación no es del todo exacta, pero es similar a cuando preguntamos por cuestiones físicas: ¿por qué te duele la cabeza?, ¿comiste?, ¿en dónde te duele?, ¿desde cuándo?, ¿será que tienes migraña?… y que es menos agresivo que decir solamente: te duele la cabeza porque tuviste mucho trabajo. (Insisto, pudiera ser acertado, pero y ¿cuándo no lo es?).

Empieza por preguntarte cómo te sientes y de igual manera pregunta en familia cómo se sienten. 

Compartan, comparte, no es fácil escuchar emociones pero se puede aprender y así educarnos sobre la salud mental. 

'My Crete' by Ioannis

Qué es el Psicoanálisis

El Psicoanálisis es:
El Psiconálisis es una teoría sobre el funcionamiento y estructuración del  aparato psíquico humano.
El Psicoanálisis cuenta con un método de investigación en donde el principal objetivo es comprender los aspectos inconscientes de la vida psíquica humana a través de sus manifestaciones en la asociación libre de ideas, los sueños y las fantasías, así como en los actos fallidos e involuntarios.
El Psicoanálisis dentro de la Psicoterapia tiene el objetivo de descubrir  las raíces inconscientes de las emociones y acciones de la persona.

 

Un caso de Psicosis Infantil.

Un caso de Melanie Klein

Dick o el sadismo

 

T. Garcia-Fons

M.- Cl. Veney-Pérez

 

El siguiente escrito es un ensayo basado en el texto escrito por Melanie Klein sobre este caso, así como siguiendo las observaciones del libro “Los más famosos casos de Psicosis de Juan David Nasio”.

Muchas son las aportaciones que hizo Melanie Klein al Psicoanálisis, en especial en el trabajo con niños, sobresaliendo su técnica con el juego, su teoría de las posiciones paranoide y depresiva, el superyo y complejo de Edipo tempranos, a partir de las cuales Melanie Klein explica el desarrollo psíquico infantil, explorando más allá de donde había comenzado Freud.

Lo interesante de la presentación de este caso en “Los Más famosos casos de Psicosis” es el análisis biográfico que se hace de Melanie Klein y que al indagar un poco más sobre su vida vemos como su historia fue influyendo en la construcción de su teorías. Por ello iniciaré por hacer una reseña biográfica de ésta psicoanalista, quien encabeza una de las escuelas y corrientes más importantes dentro del Psicoanálisis.

Los padres de Melanie fueron Moriz Reizes y Libussa Deutsch (mucho menor que él) contrayendo matrimonio en 1875. La madre era un personaje complejo y omnipresente, una mujer hermosa cultivada, autoritaria y como se irá viendo fue siempre una figura muy importante en la vida de Melanie.

De este matrimonio nacen Emilie (1876), Emanuel (1877), Sidonie (1878) y por último Melanie (30 de marzo 1882 en Viena). Como familia se caracterizaban por una riqueza intelectual, relaciones marcadamente pasionales, amor fusional, celos, reproches, rechazos, crisis de furia y culpabilidad. Además de tomar en cuenta que por la época antisemita,  seguramente eran víctimas de humillaciones.

En 1886, muere Sidonie, víctima de escrófula (una variante de la tuberculosis), Melanie de cuatro años de edad seguramente sufrió las consecuencias de unos padres deprimidos por este suceso por lo que será una de las muchas pérdidas que vivirá Melanie y que irán formado su personalidad. A los 14 años  Emmanuel la apoya, preparándola para estudiar psiquiatría, a los 17 años se compromete con Arthur Klein (de ahí el apellido) un químico industrial de 21 años, amigo de Emmanuel, por lo que abandona la idea de estudiar medicina. En l900 muere su padre, una segunda pérdida que influye en su decisión de contraer matrimonio; en 1902 muere Emmanuel (quien fuera su confidente, amigo y profesor) ya que hacía años estaba enfermo de Fiebre Reumatoide. El 31 de marzo de 1903 (un día después de su cumpleaños 21) se casa con Arthur. Nace entonces su primera hija Melitta (1904), siguiéndole Hans (1906) el cuál muere trágicamente en 1934 en accidente de montaña, y Erich (1914), siempre manteniendo una relación muy estrecha con su madre. En términos generales esta es la vida de Melanie fuera del Psicoanálisis, pero entonces, cómo es que se relaciona con esta corriente en auge.

Se sabe que en 1910 Melanie padecía por un fuerte y prolongado estado depresivo, esto debido a las pérdidas que había tenido años atrás y que al parecer no habían sido elaboradas satisfactoriamente, al mismo tiempo vemos como la depresión era una constante en su vida, lo cual probablemente influye en la creación de las teoría de las posiciones, Melanie pasa largos periodos en clínicas. Cuando tendría 35 años (1917) su madre muere, mujer siempre importante es su vida,  lo cual agrava la depresión de Melanie, por lo que inicia análisis con Ferenczi, uno de los personajes más importantes en los inicios de Psicoanálisis quien motiva a Melanie a dedicarse al análisis infantil por verle dotes en la comprensión de los niños y por el interés que tenía hacia ellos, además de quedar maravillada al leer “Interpretación de los Sueños” de Freud quien para 1917 ya había escrito sobre las pulsiones, el Edipo y narcisismo. Su análisis se ve coartado por la guerra.

En 1918 Melanie asiste al 5º congreso Psicoanalítico Internacional, con la presidencia de Ferenczi,  fortaleciendo su deseo de dedicarse al Psicoanálisis, así pues inicia a trabajar con niños y a desarrollar sus primeras ideas, para en 1920 en el 6º congreso leer su trabajo sobre Técnica del análisis infantil, a partir de la creencia de la existencia de una realidad psíquica desde el origen, en la posibilidad de transformar esta realidad y en los efectos de esta realidad, en este congreso conoce a Abraham que como se sabe era uno de los teóricos, jóvenes, con un futuro prometedor, con quien se somete a análisis en 1924, hasta la muerte de éste en diciembre de 1925.

En 1922 es aceptada como miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, mientras Anna Freud de la sociedad Psicoanalítica de Viena en donde Freud toma partido por su Hija. En 1926 Ernest Jones llega a Inglaterra para pedir a Klein que analizara a sus hijos y a su esposa. Así pues en 1927 ambas, Klein y A. Freud,  presentan sus postulados sobre técnicas para el análisis infantil, siendo de 1928 a 1939 la época más productiva de Melanie Klein. Es precisamente en el transcurso de estos años y con una historia personal por detrás que llega a su consultorio el pequeño Dick. El Artículo en el que Klein habla de este caso, es en “la importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del Yo”.

El caso Dick data del 27 de enero de 1929, después de haber presentado su teoría y Técnica ante la sociedad Psicoanalítica y haber quedado establecida una rivalidad entre Ella y A. Freud. Ante Klein se presenta un niño de 4 años, con el que trabajaría a partir del juego.

¿Qué sucede en el transcurso del tratamiento del pequeño Dick? Este se presenta ante Klein como un niño con pobreza en su vocabulario,  su desarrollo intelectual estaba en el nivel de un niño de 15 ó 18 meses. Rara vez había manifestado angustia, no mostraba intereses, no jugaba y no tenía contacto con su medio. Algunas palabras, con frecuencia las alteraba completamente, aunque otras veces podía pronunciar perfectamente las palabras, pero seguía repitiéndolas en forma incesante y mecánica hasta que hartaba a todos; cuando se lastimaba, demostraba gran insensibilidad al dolor “no experimentaba el deseo universal en el niño pequeño de ser consolado y mimado”. No se aprecia ninguna emoción en su rostro,  mostrando indiferencia, a lo que desde mi propia experiencia nos indicaría ya algo que no se podría dejar como un elemento aislado, pues es poco común que un niño de cuatro años no presente un mínimo de angustia al quedarse solo con un extraño. Así pues Dick comenzó a correr de un lado a otro con movimientos que parecían no tener coordinación.

De la información recabada con los padres se sabía que al nacer, la madre había tenido problemas para amamantarlo, estando por ello a punto de morir de inanición. Recurriendo entonces a una nodriza, poco afectuosa. Por lo que se observa una carencia de afecto, de amor en los primeros meses, que como se ha venido tratando es una de las constantes en los casos de Psicosis. Afortunadamente, a los dos años tuvo una nueva niñera que era afectuosa con él, desarrollándose positivamente la adquisición de la marcha motriz, sin embargo hubo dificultades para el control esfinteriano que hasta los tres años controló. Esta misma niñera reprende la masturbación lo cual originó sentimientos y temores de culpa. Otra figura importante era su abuela, con quien a los dos años establece una relación más estrecha, sin embargo ni la niñera ni la abuela habían conseguido ponen en marcha la ausente relación objetal que se había dado en los primeros meses.

¿Qué plantea Klein a partir de este caso?:  Klein en este artículo, habla de que “…hay una etapa temprana del desarrollo mental en que se activa el sadismo en cada una de las diversas fuentes de placer libidinal” agrega después “…el sadismo… inicia con el deseo oral-sádico de devorar al pecho de la madre y desaparece con el advenimiento de la primera etapa anal” En donde el fin de esta etapa según Klein es el de apoderarse del contenido del cuerpo de la madre y destruirla con todas las armas que el sadismo tiene a su alcance, en este caso los dientes. A partir de este planteamiento que hace Klein, puede ubicarse el Edipo mucho más temprano de lo que refería Freud, por ello cuando se habla de Edipo es importante a partir de que autor nos referimos y especificarlo, así pues en términos de Klein sí podría hablarse de un Edipo en la estructura Psicótica. Esta fase, señala Klein “constituye… la introducción del complejo de Edipo”. Klein supone que en esta etapa ya se tiene un conocimiento inconsciente  de la escena primaria, por ello el niño lo que espera encontrar en el interior del cuerpo de la madre sería el pene del padre, excrementos y niños, homologándolo todo con sustancias comestibles. Por ello al dirigir los impulsos sádicos a la madre lo que el niño en la fantasía estaría destruyendo sería tanto al padre como a la madre, despertándose entonces angustia por el temor a ser castigado por ambos padres, unidos, “esta angustia es internalizada a consecuencia de la introyección oral sádica de objetos y así se dirige hacia el Superyo temprano”, por lo que como vemos desde Melanie Klein ya hay un SuperYo y no como en la teoría clásica de Freud como resultado de la resolución del Edipo.  Este sadismo comienza en el momento del destete, por la necesidad del bebé de prenderse del pezón “alimento” de la madre, este momento es de suma importancia para el bebé y por ello toda su energía gira alrededor de esto, esto viene a ser parte de la explicación de la posición paranoide. Seguida de la etapa Oral-Sádica aparecería el sadismo uretral y anal, en donde desde la fantasía los excrementos se transforman en armas peligrosas, que lastiman. Si el niño dirige esta agresión hacia la madre y por ende al padre, el objeto atacado se convierte en una fuente de peligro, temiendo que se le ataque a él de igual forma.

Klein agrega además que el simbolismo permite construir la “relación del sujeto con el mundo exterior y con la realidad en general”. Ese sadismo que se despierta en esta etapa, permite la relación con el exterior, con la realidad, es entonces donde el Yo, dependiendo de su desarrollo, tolerará esta angustia que se genera por la agresión dirigida a sus objetos primarios, a partir de tolerar esta angustia podrá desarrollarse. Por ello en el caso del pequeño Dick, lo que se aprecia es, un Yo con dificultades para tolerar la angustia. “Lo genital había intervenido muy precozmente; esto produjo una prematura y exagerada identificación con el objeto atacado y contribuyó a la formación de una defensa igualmente prematura contra el Sadismo”, por lo que el desarrollo de símbolos se había detenido. En sus juegos, el pequeño Dick se interesaba por los trenes, estaciones, puertas (abrirlas y cerrarlas) y picaportes, que representaban la escena primaria, por lo que se apreciaba que la detención de la formación de símbolos estaba relacionada con el temor al castigo.

Aparte de la aportación teórica también hay todo un aporte técnico, donde se recibe a los niños en una habitación específica con juguetes, lavabo y paredes lavables. Es a partir del juego como el niño se expresa, viene a ser como la palabra en el adulto, a esto es a lo que Klein llama simbólico, a esta expresión a partir del juego; como en el caso de Dick, había dificultades para interesarse por el exterior y para jugar, Klein hace modificaciones que resultan bastante favorables. En cuanto a la ausencia de angustia, como se sabe es uno de los requisitos de analizabilidad, por lo que al promoverla Klein a partir de las interpretaciones comienza a haber un contacto con el inconsciente del niño.

Aunque para estas fechas no se han planteado los conceptos de posición paranoide y depresiva, así como tampoco el de pulsión de muerte, vemos que las ideas aquí desarrolladas van encaminadas hacia la creación y entendimiento de dichos conceptos En este caso lo que se ve es una fijación y no una regresión. Algo que sobresale en este caso es la poca intervención de Klein con los padres, además de que parecían ser padres muy ausentes y poco involucrados con el tratamiento.

Melanie Klein finalmente muere el 22 de septiembre de 1960, después de haberle detectado cáncer de colon.

 

ALIANZA TERAPÉUTICA

Autor: R. Horacio Etchegoyen
Texto: Los Fundamentos de la Técnica Psicoanalítica
Alianza Terapéutica
 “A lado de la transferencia se encuentra siempre algo que no es transferencia, y a este algo lo vamos a llamar… alianza terapéutica”

Etchegoyen 1986

 

Etchegoyen plantea que el Yo en el proceso terapéutico pasa por un proceso de disociación terapéutica del yo. Esto quiere decir que el Yo se divide, en uno que se resiste al tratamiento y en otro que coopera en el mismo conocido como el Yo observador, es decir, el paciente es capaz de autocriticarse y analizar lo que hace. Esta disociación se explica a partir de la base de que esta instancia psíquica tiene una parte consciente y otra inconsciente.

 

La parte del Yo, observadora, se debe a cierta identificación con el terapeuta, es decir, en el proceso, el analista invita a el paciente a que reflexiones sobre sus actos y que trate de encontrar la explicación, es decir, comenzar a buscar los contenidos inconscientes que lo movilizan, esto se facilita cuando como analistas tenemos ya un trecho avanzado en nuestros propios conflictos; hemos invitado a el paciente a reflexionar sobre los de él a partir de los señalamientos, confrontaciones e interpretaciones.

 

“Al interpretar el conflicto transferencial, el analista contrapone los elementos yoicos que se conectan con la realidad y los que tiene una catexia de energía institiva o defensiva. De esta manera, el analista logra una disociación dentro del yo del paciente…”

 (p. 263)

 

Esto es, la base de la alianza que permite que el tratamiento se lleve acabo.

 

El paciente entonces pues se identifica con el analista, en especial con la actitud interpretativa, volviéndola suya.

 

Señala también Etchegoyen, al referirse a Zetzel que la alianza terapéutica es una parte de la transferencia. Diferenciando entonces que la “neurosis” de transferencia que aparece avanzado el tratamiento, es distinta a la transferencia en etapa inicial, es de esta transferencia inicial, de la que depende la alianza terapéutica, es esa parte consciente del paciente que pide ayuda, depositando en el analista sus expectativas.

 

La Alianza, según señala Etchegoyen, debe de reforzarse, es decir, a partir de nuestra actitud analítica y empática invitar al paciente, en cada sesión, al análisis. Por ejemplo, cuando se avecinan las vacaciones, considero que cuando son pacientes que están en etapa inicial del tratamiento es importante reforzar la alianza  haciéndole ver los avances que ha tenido y cómo el análisis le ha ayudado en distintas áreas, al mismo tiempo que se le recuerda que apenas se está comenzando y que será algo que se continuará trabajando, y que se le estará esperando; creo que es una forma de invitar al paciente y mostrarle el interés en él.

 

Etchegoyen considera que el hecho de que el analista acepte sus errores técnicos con el paciente contribuyen a fortalecer con la alianza terapéutica, lo cual no implica confesar las reacciones contratransferenciales .

 

En niños, la alianza tiene distintos matices, plantea Etchegoyen que lo primero es que el niño acepte que tiene problemas. Así pues se hace una alianza con el niño a partir de que se convenza de que es necesaria su asistencia así como su participación, y por otro lado los padres también tienen un papel importante e imprescindible en el tratamiento, pues sabemos que son ellos quienes llevan al niño.

 

Respecto a la pseudoalianza terapéutica la mejor forma de identificarla es a partir de la contratransferencia, son aquellos casos en los que el paciente parece poner de su parte, pero da la sensación de que no lo hace por él sino por complacer a los demás.

 

Breves notas sobre la Alianza Terapéutica.

Para información sobre este breviario contactar por este medio.

Contratransferencia

 

“Nos hemos visto llevados a prestar atención a la contratransferencia

que se instala en el médico por el influjo que el paciente

ejerce sobre su sentir inconsciente,

y no estamos lejos de exigirle que la discierna

dentro de sí y la domine”

(Freud, 1910)

 

  1. El concepto de contratransferencia:

 

Laplanche y Pontalis (1993) definen contratransferencia como el “Conjunto de las reacciones inconscientes del analista frente a la persona del analizado y, especialmente, frente a la transferencia de éste” (pág. 84).

Es común que se entienda por contratransferencia a aquellos sentimientos que se despiertan en el analista ante el paciente; así pues, cuando al psicoterapeuta psicoanalítico se le pregunta, cuál es la contratransferencia en determinado caso, es común escuchar respuestas que se asocian con enojo, aburrimiento, cansancio, angustia, confusión, etc. Pero ¿qué es lo que lleva a que se despierten determinados afectos en el analista? ¿Por qué de una gama de afectos, se despiertan unos en específico y con determinado paciente?

Ya es un gran paso que el analista esté al tanto del sentir que le provoca el paciente, registrar los afectos que se van despertando a partir de la comunicación verbal y no verbal. Conforme avanzamos en el estudio de la técnica Psicoanalítica y aumenta nuestra experiencia clínica, nos  damos cuenta que no es solo detectar ese afecto, es ése un primer paso, al que luego seguirá el preguntarnos qué de lo que hace o dice el paciente despierta los propios conflictos inconscientes llevándonos a que se despierte tal afecto, como no poner atención en el tema, “a no entrarle” desviando el discurso, olvidando la regla básica de la asociación libre y de la atención libremente flotante, esto como defensa ante los propios conflictos, convirtiéndose así la contratransferencia en un obstáculo.

Así pues una propuesta breve de definir  la contratransferencia es:

Contratransferencia: respuesta que tiene el analista ante la Transferencia del paciente; en donde ésta, la contratransferencia, a su vez permite entender, interpretar y diagnosticar al paciente.

  1. La contratransferencia y su papel en el tratamiento:

Analizar la contratransferencia, cuando nos estamos iniciando en la práctica clínica, resulta complicado, pero no por ello imposible. La contratransferencia puede convertirse en una herramienta útil para el tratamiento, ya que entendiendo sus bases inconscientes, puede favorecer en avances al tratamiento. Una vez que ponemos atención a lo que nos hace “sentir” el paciente, debemos ir más allá, es decir, buscar lo latente, qué de nuestro mismo inconsciente emerge y busca expresarse a partir de la relación con el paciente. Se pide al analista que tenga una actitud abstinente, para lo cual Freud recomendaba el autoanálisis, o que en nuestro caso sería acudir a un proceso de psicoterapia psicoanalítica, el cual nos permitirá entender los propios conflictos inconscientes y poderlos descifrar al estar con el paciente, para que al aparecer temas difíciles  de la propia historia no nos lleven a evadir el tema.

La contratransferencia sirve de guía al terapeuta en el tratamiento, nunca se revelan al paciente las propias reacciones, sino refiriendo de éstas cuáles son los propósitos ocultos de la conducta del paciente. Algo que se presenta al trabajar con personalidades narcisistas, por ejemplo, son reacciones en donde lo que opera es una desvalorización del paciente al terapeuta, tal es el caso de Isabel, presentado por la compañera Emma Pérez, en el cual se ve como la paciente devalúa por su omnipotencia, y que según expresiones de Emma, era lo que le molestaba de esa paciente, si entendemos que son mecanismos propios de las personalidades narcisistas, no caeremos en las actuaciones contratransferenciales, aunque también debe considerarse para estos casos que si como analista no tenemos resueltos nuestros conflictos narcisistas, ante la idealización del paciente se experimentará rechazo o aceptación en exceso, si se da la aceptación conllevaría la pérdida de la neutralidad, al igual el experimentar rechazo puede deberse a que esa idealización no es real y tiene elementos de control, una vez que se identifica como parte de los mecanismos de defensa del paciente tanto la idealización primitiva como el control omnipotente deben ser interpretadas, para que el paciente comprenda su necesidad de desvalorizar para defenderse de la envidia, y en el caso de Isabel ubicar la forma en la que se vincula; esto mismo debe considerarse con los adolescentes por los movimientos narcisista que los caracterizan.

Cuando la contratransferencia no es entendida, se hacen intervenciones que nada tienen que ver con el paciente, a lo que se les llama actuaciones contratransferenciales, con las cuales, se está lejos de entender al paciente. No se trata entonces de que el analista sea un humano frío sin sentimientos. Hay dos personas que se encuentran, paciente y analista, en los dos se despertarán emociones,  solo que el analista ubica y evita que interfieran en el tratamiento, empleándolos a favor de éste. Kernberg (1979) refiere que la contratransferencia puede ser utilizada como un instrumento diagnóstico. Por ejemplo, cuando uno, como terapeuta,  detecta lo que le hacen sentir los neuróticos obsesivos, pude volverse esa “sensación” o afecto en un indicador para el diagnostico, que será solo cuestión de corroborar.

Etchegoyen (1986) al referirse a  Racker, menciona que la contratransferencia, se clasifica en concordante y complementaria.

“en la contratransferencia concordante el analista identifica su yo con el yo del analizado, y lo mismo para las otras partes de la personalidad, ello y superyó. En otros casos, el yo del analista se identifica con los objetos internos del analizado, y a este tipo de fenómenos Racker le llama contratransferencia complementaria…” (pág. 299).

  1. Contratransferencia en el caso Thomas:

Elegir el tema de la contratransferencia para este ensayo no fue azaroso, ya que cuando se revisó este caso en el salón de clases, en varios puntos de la historia del paciente, identificaba algunas cosas con mi propia historia e inclusive en ocasiones, al revisar el caso aparecían asociaciones propias, lo cual complicaba el entendimiento de qué sucedía a Thomas. Una vez elegido el tema para este trabajo, comenzarlo parecía en realidad una resistencia, pues tener que hablar de mí en relación al paciente se volvía “confuso” y complicado, pues había que analizar qué en mí estaba despertándose, y además había que exhibirse.

Iniciaré por hacer un análisis de mi contratransferencia a partir de la historia Clínica. De la demanda manifiesta de tratamiento de Thomas (si olvidar que llama la madre y lo lleva la hermana), lo que más llama mi atención son los problemas con el padre, que, como luego se especificará en la Historia clínica y sesiones, es parte importante para el entendimiento de el caso, sin embargo ubico mis propias dificultades con la figura paterna, conflictos que gracias a el propio análisis han podido irse esclareciendo, por lo que si fuera mi paciente tendría que estar pendiente de ubicar qué es mío, para no caer en suposiciones que no me permitieran escuchar al paciente. Cuando Thomas describe a su padre como “un hombre arrogante e imponente, imposible de complacer”, sentía estar, en cierta forma, en una situación parecida a la de Thomas; inclusive al releer la historia, resulta curioso que solo fuera eso lo que llamara mi atención de la descripción de el padre de Thomas, pues hay muchos otros puntos importantes que no  había considerado, si esto sucede al leer una historia clínica, veríamos como esto es parecido a lo que pasa al estar ya con el paciente, en donde la atención “libremente” flotante parece no ser tan libre. También es importante señalar que conforme se va teniendo mayor experiencia clínica se vuelve más sencillo identificar estas reacciones, e inclusive se convierten en un instrumento diagnóstico, por ejemplo: Thomas llega hablando de “estar deprimido, sin ganas de hacer nada, perdiendo años en la escuela, y con sentimientos de caerles mal a todos” este discurso, no solo en este paciente, sino en muchos otros, aunándole esa necesidad de ser “cargados por la vida”, provocan en mi una molestia muy peculiar, es enfado y un deseo como de “cachetear” al paciente para que reaccione, en otros casos, me descubría actuando este deseo agresivo con intervenciones que para el paciente resultaban dolorosas, por lo que es algo que me sirve para diagnosticarlo en un primer momento, pero siempre tomándolo en cuenta para no actuarlo, entones, esta reacción tiene que ver con la tendencia pasivo-agresiva en este tipo de pacientes y sus rasgos dependientes.

Otra parte de la historia de Thomas, que mueve mis propios conflictos, es cuando habla de la secundaria, que en realidad hablaríamos de la etapa de la adolescencia, ya que señala no relacionarse con sus compañeros, lo cual reactiva mis propios conflictos en esta etapa, caracterizada por el aislamiento social, lo cual supongo me permitiría desde la contratransferencia concordante empatizar con el paciente, es decir ser capaz de ponerme “en sus zapatos”, entender lo difícil que pudo ser para él, además de que al tener el conocimiento teórico sobre lo que caracteriza a esta etapa me permitiría comprender qué sucedía al paciente; siempre tratando de evitar que la contratransferencia me impida entender al paciente, pues es común que se busque entender los propios conflictos, queda claro que todo esto a un nivel inconsciente.

En ocasiones, uno llega a sentir con los pacientes, que por alguna razón “extraña”, resulta muy complicado entender qué es lo que les sucede, no siempre es culpa de la contratransferencia, ya que también debemos tomar en cuenta que hay casos en los que la psicopatología aún no ha quedado clara; pero cuándo sí es la contratransferencia y los temas en algún paciente resultan incómodos, y es imposible conectarse (hacer clic) con el paciente, eso se vuelve material-tema de análisis, lo cuál es algo muy “padre” ya que no se revisa qué pasa al paciente, sino qué me sucede a mi, en relación a ese paciente, y entonces es cuando puedo ver como mi propia historia no me permite ver claramente al paciente; es como si entre el paciente y yo hubiera un cristal, un cristal que yo ensucié, y llené de recortes e imágenes, pero que me pertenecen a mi y que yo fui quien decidí poner ahí. Ya después de haber revisado, esas “extrañas” reacciones con determinado paciente, ese cristal poco a poco vuelve a ser transparente. Nosotros como terapeutas, nunca dejamos de sentir, pero si ubicamos lo que sentimos y sabemos a qué se debe, podremos darle un significado, seguir siendo “neutrales” y utilizándolo a nuestro favor y sobre todo a favor de el paciente, evitando actuaciones contratransferenciales, entonces pues después de revisar qué ha pasado conmigo y por qué las dificultades con tal paciente, poco a poco resulta más fácil entenderle, y entonces es como si se estuviera una plaza de toros, en el ruedo, al mismo tiempo que desde las gradas (el yo observador) podemos ver que es lo que nos pasa en relación a el paciente. Debe reconocerse que aún y con un tratamiento analítico de varios años, debe aceptarse que siempre se debe de esta al tanto de la contratransferencia.

Uno de los momentos en el que es común observar lo difícil que es no actuar la contratransferencia, es ante los silencios. En mi propia experiencia, recuerdo lo complicado que era observar, y en ocasiones aún lo es, como el paciente se angustia ante el silencio, por lo que era yo quien lo rompía, con intervenciones que en nada venían al caso, y que eran asociaciones propias; como una necesidad de calmar esa ansiedad por el temor a que se desborde la propia angustia, y a la vez la del paciente y temor a no poderla controlar.

Con pacientes dependientes me he descubierto gratificándoles dándoles más tiempo de la sesión, aceptando la dependencia, pero por lo regular violando el encuadre (que por cierto es ponerse al favor de la resistencia si no se trabaja). Entonces, por ejemplo, en el caso de Thomas, yo veo a un paciente que le “gusta” que lo vayan “cargando” por la vida, por lo que hay que estar al tanto de eso, y cuando lo sienta o vea señalarlo o interpretarlo de cómo el paciente demanda eso, primero haciéndoselo ver para corroborar que no es algo propio, ya que si no se identifica se puede caer en dar consejos,  haciendo así que Thomas siga sin hacerse responsable de si mismo.

De igual forma, estar al tanto de esta parte dependiente, y no confundirlo con alianza sino como una repetición de sus relaciones, y desde ahí entonces ubicar el sentimiento e interpretarlo, se me ocurre de la siguiente forma:

“Es curioso como siempre pides que te lleven por la vida, y parece que buscas lo mismo aquí, siempre preguntando “qué hago”, en lugar de responsabilizarte.”

Por otro lado, regresando a lo de mi propia relación con la figura paterna, al leer las sesiones pensaba “no, Thomas, no puedes enfrentarte así al padre”, por lo que yo pensaba que no era lo correcto que el paciente tuviera esos arranques hacia el padre, arranques violentos y entonces se me ocurrían intervenciones como: “por qué no te alejas”, “por qué no lo evitas”, “por qué mejor solo lo escuchas”, lo cual no estaría ayudando a entender al paciente, ya que como después se vio, en la supervisión, en realidad le aterran los impulsos agresivos por ser como el padre, por cuestiones de indiferenciación con la imagen que tiene del padre, por lo que la agresión busca otras formas de expresión, y entonces para lastimar al padre tiene el que sabotearse y lastimarse.

Ahora bien, supongamos que Thomas es paciente mío, a partir de la sesión del 11 de octubre de 2007, en donde agregaré cosas de la sesión real y cosas que creo podría llegar a contestar el paciente (a lo que, claro, ya debe considerarse contratransferencial):

Llega Thomas platicando que llevó el carro de Eloísa con el mecánico, con el que él lleva su carro, y ahí estaba su padre y el mecánico le pide que lo salude “… pues le tuve que ir a saludar a mi papá porque se me hizo feo no hacerlo, y pues ahí voy con Eloísa a saludarlo; empieza: -hola cómo están jóvenes- y le contestamos que bien, y luego nos pregunta que si llevé mi carro al servicio, y le dije que no, que era al de Eloísa, y que empieza: -y qué carro es, cuántos litros de gasolina gasta por cada 15 km- y cosas por el estilo, que Eloísa ni entendía ni le interesaba…” y después le pide se encargue de la casa de las colinas “… para que riegues los arbolitos, y yo le contesté que estaba bien, que nada más me llamara cuando ya se fuera a ir” y después el padre comienza a pedirle otros favores haciéndose, según palabras de Thomas, el chistosito lo cuál comenzó a molestar a Thomas.

Terapeuta ( T ): Oye Thomas, pero, a ver, no me queda claro, qué fue lo que te molestó.

Paciente ( P ): no, pues, la actitud, que comenzara a burlarse…, que si ya me iba a crecer la pelona, y más que nada que ahí estaba Eloísa, “siempre me lo encuentro cuando menos quiero, cuando menos necesito verlo…” “como a Eloísa ya le había platicado mucho de él, pues ya hasta le cae mal. Y cuando estaba mi papá platicando con ella, ella le hacía mala cara; y cuando se dio cuenta que yo me estaba enojando y que me abrazó, lo hizo para que me tranquilizara”.

T: a ver, espera, sí, por lo que me has contado de tu papá, el a sido agresivo contigo, pero me da la impresión que en esta ocasión a las palabras de tu padre les diste la connotación de “me está agrediendo”.

P: No, pues, es que igual y ya estoy muy a la defensiva, pero es que siempre ha sido así. No se, es que yo comencé a sentirme “chiquitito, chiquitito, como si me estuviera reduciendo a nada, escurriendo. Y es que mi papá provoca eso en mí. Quisiera deshacerme de su sombra y de su peso, pero no puedo. Nunca desperdicia la oportunidad para hacerme sentir mal; y no entiendo por qué”

T: creo que se ha vuelto una sombra porque tú ahí lo has puesto.

P: pues si, pero para qué.

T: tú para qué crees

P: No lo se, igual y porque siempre me ha hecho daño.

T: me da la impresión de que Thomas, no se ha dado cuenta que esa sombra no es otra cosa, más que tú mismo proyectado según de donde venga el rayo de luz. Y que te sometes a esa sombra, y lo único que queda claro es que siempre te auto-saboteas, esa sombra te opaca y tú no haces nada para dejar de cumplir eso…

P: …

Esta breve viñeta, permite ver como, yo supongo lo que contestará el paciente, quizá algunas partes plagadas de la propia historia, pero también, esto es parte de lo que pasa al estar con paciente, debemos de tener presente hacia donde va el paciente, ir algunos pasos adelante, seguirlo e irle guiando. Yo supongo que esto ayudaría a Thomas a ver que la representación que tiene del padre es algo que él ha creado, que hace falta integrar algunas partes de éste y que esa representación que tiene de el objeto lo lleva a creer que siempre el padre lo está queriendo dañar, y al no diferenciarse él del padre (a fin de cuentas lo describe como una sombra y las sombras son el reflejo de uno mismo) entonces él se lastima, porque si él no sobre sale y está en la oscuridad, la sombra tampoco lo hace, y que coloquialmente y dependiendo de la alianza podría decírsele también, algo así como: “es una forma de “joder” al padre, dándote tú en la “madre”.

Quizá una de las dificultades para el trabajo de la contratransferencia es que para trabajarla y resolverla debe de sacarse a la luz, lo que para algunos pudiera representar el que se den a conocer los conflictos internos, pero a la vez eso, el abrirse a la comprensión de la contratransferencia es lo que nos  permitirá conocer mejor de su manejo, evitar que se vuelva un obstáculo y ponerla al servicio del tratamiento.

 

 

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Jorge