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La Violencia Social, un análisis desde la Psicología Social.

La Psicología Social es una rama de la Psicología, que estudia aquellos procesos psicológicos que determinan el funcionamiento de la sociedad, y que por lo tanto dan vida a una interaccion social. Mencionan Garrido y Álvaro (2007) que se considera que a partir de la segunda mitad del siglo XIX inicia el desarrollo de la Psicología Social, una vez que la psicología y la sociología1 se habían consolidado como disciplinas científicas independientes, lo que dio pie a que se cuestionara la relación que existía entre ambas. Así pues, aquellos fenómenos psicológicos de tipo social son abordados por esta ciencia, tal es el caso de la violencia social, que ha sido estudiada en diversas poblaciones y a partir de diferentes diseños experimentales.
La delincuencia en México, ha generado un clima de violencia que afecta a la sociedad en diversos aspectos. Comencemos con la definición de conceptos para comprender el tema.
¿Qué es la Violencia Social para la Psicología Social? Primeramente entendamos que existe una diferencia entre violencia y agresión. Corsi y Peyrú (2003), nos dicen que es común que exista esta confusión, la cual se debe a los múltiples significados que tiene la palabra violento en la sociedad, y al uso desmedido y constante del término agresividad. Mencionan los mismos autores que los significados de la palabra violento han quedado en español más unidos a su raíz etimológica: violar.
En el diccionario de la Real Academia Española (1992), violencia significa: 1. Cualidad de violento; acción y efecto de violentar o violentarse. 2. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
Corsi y Peyrú (2003) señalan que para construir conceptualmente la noción de violencia es necesario el planteamiendo de las siguientes cuestiones:
La confusión entre la agresividad y la violencia.
La cuestión de los “ritmos naturales” de la violencia. El problema de la intencionalidad.
El tema de la puntuación.
La cuestión del poder (p. 19).
Veamos pues algunas de estas cuestiones. La idea de diferenciar lo que es la violencia de la agresividad, consideran Corsi y Peyrú (2003) permite analizar las violencias sociales; consideremos como primer idea que la agresión es parte de la naturaleza humana, incluso genéticamente venimos dotados de un potencial de agresividad que nos permite, cuando es necesario, sobrevivir. En cambio, la violencia es resultado de la historia de cada sujeto y de la cultura en la que habita, por lo que puede manifestarse de diversas formas —física, verbal o psicológicamente—, e incluso la omisión, está vinculada con el poder que permite causar un daño por no participar, comúnmente conocida como violencia pasiva. Así pues, el ser humano tiene la capacidad de aplicar la violencia como parte de su proceso evolutivo cultural; por ello, la agresión es algo natural en los seres humanos, no podemos dejar de serlo; mientras que la violencia, por otro lado, podría ser evitable.
Respecto a esta diferencia, entre agresividad y violencia, Fernández (como se citó en Guerra, 2009), nos dice que la violencia “supone el abuso de poder de un sujeto o grupo de sujetos sobre otro, siempre más débil o indefenso…” (p.41), es decir que siempre hay alguna asimetría entre los sujetos que se ven implicados. Por otro lado, la agresividad para Fernández (como se citó en Guerra, 2009) según “…los argumentos naturalistas explican la existencia del factor agresividad, como un componente más de la compleja naturaleza biosocial del ser humano” (p. 43), por lo tanto, se confirma la idea de que la agresión forma parte de la naturaleza humana, por ello Guerra (2009) la considera en ocasiones positiva, ya que “mueve al individuo a actuar, a luchar, a buscar su supervivencia” (p.44). Lo importante es evitar que esta

agresión se torne en violencia, que en el caso del menor de edad, corresponde a los padres evitar esta situación.
En lo que se refiere a la cuestión de la intencionalidad —considerada por Corsi y Peyrú (2003)—, los seres humanos no vinculan con facilidad el acto violento con las consecuencias del mismo, por lo que resulta difícil el que acepten responsabilidad de su destrucción ya sea emocional o física. Sin embargo, es importante señalar que la intencionalidad está vinculada al ejercicio del poder. Tal es el caso de aquellos personajes fascistas que torturaban con la única intención de controlar para adquirir mayor terretorio. Con esto entendemos que la violencia siempre lleva una intención, es decir, tiene una meta, y que al no ser alcanzada, generará mayor violencia para llegar a dicho fin.
Cobo y Tello (2008), por su cuenta, nos dicen respecto al asunto de la intencionalidad que es la que permite diferenciar a la agresividad de la violencia, pues ésta última tiene a la intensidad y a la intencionalidad como parte de su esencia, pues la violencia tiene como meta el dañar a uno o varios individuos, ya sea física o psicológicamente, de una manera anticipada y planeada; mientras que por otro lado las actitudes agresivas son usadas “…para superar situaciones de riesgo” (Cobo y Tello, 2008, p.23).
Así pues, la violencia queda definida por la UNICEF (como se citó en Cobo y Tello, 2008) de la siguiente manera:
Entendemos por violencia aquellos actos u omisiones que atentan contra la integridad física, psicológica, sexual y moral de cualquier persona. Toda acción violenta tiene la intención de causar daño y ejercer abuso de poder; puede provenir de personas o instituciones y realizarse en forma activa o pasiva.
Estos actos de violencia son tangibles, como una violación, maltratos y golpes, o bien, intangibles, es decir, que no se ven ni dejan huella, pero que de igual forma lesionan a las personas en su vida emocional. También se considera violencia las acciones o actitudes negligentes que denotan falta de atención y oportunidad (p.24).
Scott et al. (2013), por su cuenta, definen la violencia como “ …un comportamiento deliberado que provoca, o puede provocar, daños físicos o psíquicos a otros seres y se asocia, aunque no necesariamente, con la agresión, ya que también puede ser psíquica o emocional a través de amenazas u ofensas” (p.104).

Ahora bien, la relevancia de definir el concepto de agresividad, consiste en que ésta es concebida como una tendencia o conjunto de tendencias, evidenciadas en conductas reales o fantaseadas dirigidas a dañar a otro, a destruirlo. La agresión puede adoptar modalidades distintas, como sería el caso de la acción motriz, dentro de la teoría psicoanalítica, se considera a la agresión con un elemento propio del concepto de pulsión de muerte, lo cual retomaremos más adelante.
Cobo y Tello (2008) consideran respecto a la agresividad lo siguiente:
…es un ingrediente innato en la conducta de las especies animales, es una forma de la conducta que coadyuva a la supervivencia de los más fuertes, de los más sanos, de los más aptos y, de esta manera, contribuye a garantizar la supervivencia del grupo (p.15).
Esto lo vemos por ejemplo en el reino animal, en donde un grupo de depredadores, aislan por lo regular a su víctima con la intención de alimentarse y alimentar a sus crías, es decir por la supervivencia. En el caso de los humanos, también forma parte de la identidad y del carácter, incluso es común escuchar, por ejemplo, en actividades deportivas, sobre el desempeño agresivo realizado para obtener un triunfo. Así pues Cobo y Tello (2008) mencionan que la agresividad “…siempre ha estado presente en el desarrollo, tanto de los seres humanos, en particular, como de las sociedades, en general…” (p.18), considerando también los autores que cada época ha tenido una mayor expresión de la agresión en sus actos violentos, tal como lo veíamos en los antecedentes de este capítulo.
Mencionan Corsi y Peyrú (2003) que es común escuchar de los fenómenos naturales sobre el caso de tormentas o nevadas violentas, siendo incorrecto el uso del término, debido a que éstas por el solo hecho de no ser hunamas no serían en el sentido estricto del término: Violentas. Sin embargo los avances tecnológicos y de armamento bélico permiten al hombre, hoy en día, ser violento a partir de generar catástrofes naturales, por así decirlo manipulan la naturaleza con intención de violentar. Como ejemplo los enfrentamientos entre EUA y Al-Qaeda, en donde el primero generaba avalanchas en el terreno montañoso donde se ocultaban los segundos, con la intención táctica para atacar y destruir.
Así pues podemos sintentizar, hasta ahora, sobre la violencia social lo siguiente:

  1. Son actos que atentan contra la integridad física, psicológica, sexual o moral.
  2. La violencia tiene una intencionalidad, causar daño y ejercer un poder.
  3. La violencia social es ejercida tanto por personas como por
    instituciones.
  4. La violencia social puede ser tangible e intangible.
  5. La negligencia y el oportunismo también son un tipo de violencia.
    En lo que respecta a cómo es que los menores de edad se involucran en este
    tema, Cobo y Tello (2008) consideran que la violencia “…es un problema que se aprende a temprana edad la sociedad es responsable de esa enseñanza” (p.32). Según sus investigaciones, los niños tienen un primer encuentro con la violencia en la familia, pues es un tipo de relación que se llega a convertir en “normal”, es lo que conocemos en el campo de la psicología como violencia intrafamiliar, caracterizada por las amenazas, la intimidación o la subordinación intransigente, que se manifiesta con golpes, gritos, regaños explosivos por pequeños motivos. Este tipo de relación familiar orilla al niño a desarrollar conductas agresivas en la escuela, como es el caso del bullying, en donde es mejor ser el victimario a la víctima. Sin embargo, también hay otro tipo de conductas que llevan al niño a que aprenda que la violencia es una opción, como lo es el caso de la falta de autoridad, que hace suponer al menor que puede hacer las cosas cuando quiere y lo desea. Por estos motivos, los menores dificilmente desarrollan la capacidad de resolver conflictos de forma pacífica, dando paso a la violencia para resolver, por lo regular, su frustración.
    La programación televisiva es otro de los elementos que actualmente contribuyen en la educación y percecpción sobre la violencia en el menor de edad. Al respecto Cobo y Tello (2008) nos dicen:
    Los niños y jóvenes mexicanos pueden ver a diario un variado menú de programas con contenido violento: series de acción norteamericana (en ocasiones de temática específicamente policiaca), talk shows, telenovelas y películas; todo ello en horarios AA (de las 15:00 a las 19:00 horas) y AAA (de las 19:00 a las 23:59 horas). La violencia que se exhibe en estos programas puede ser verbal (amenazas, diversas formas de intimidación, uso de groserías) narrada (situaciones de contenido altamente violento contadas por unos personajes a otros) o visual (pleitos, asesinatos, persecociones en automóviles que terminan
    con accidentes letales, etc.) (p. 42).
    Además, el internet y los videos juegos son otra ventana con acceso a la
    violencia, gran número de menores de edad tienen hoy en día acceso a toda esta información, que puede ser fácilmente imitada por el niño.
    Scherck (2014) se hace la pregunta respecto al fenómeno de la violencia: ¿Qué nos sucede en México? Nos señala que hemos llegado al primer lugar en secuestros y en trata de blancas, y es un hecho que el crimen generado por el narcotráfico no tiene precedentes, y como sociedad, parecemos tener más la sensación de inseguridad. Para Scherck (2014) “Es clara la ausencia de ideales, pues nos encontramos con un país de normas poco claras, de un “todo se vale”, con quiebre de redes identificatorias, y sentimientos de inseguridad e impotencia” (párr. 22).
    Pero entonces, ¿cómo podríamos entender la violencia?, parecen existir diferentes paradigmas al respecto. Corsi y Peyru (2003) explican que hay cinco vertientes teóricas para explicar la violencia:
  6. Modelo Psicopatológico: utilizado principalmente por la psiquiatría y la psicología, en donde lo importante es entender cómo es que a partir de la violencia surgen trastornos psicológicos.
  7. Modelo de interacción: Estudia la interacción de los sujetos participantes en fenómenos de violencia, considerando la teoría de los sistemas.
  8. Modelo de los recursos: Utilizado por trabajadores sociales y disciplinas a fines. Este modelo explica que la violencia es resultado de la falta de recursos, económicos, académicos o de otra índole.
  9. Modelo Socio-cultural: Entiende las diversas manifestaciones de la violencia, desarrollando así el concepto de violencia estructural que se enfoca en cómo en la cotidianeidad se presenta la violencia.
  10. Modelo Ecológico: Es un modelo holístico, y explica las violencias sociales, considerando los factores macro, exo y microsistémicos.
    De este modo, consideramos que para la presente invetigación, retomaremos el primer modelo, basado en la teoría psicoanalítica y el quinto modelo, el que explica las violencias sociales desde el holismo.
    En el caso de México, Schreck (2024) refiere que “La ley es constantemente infringida, así también la Ley simbólica, aquella representada por esas figuras de autoridad que han perdido toda capacidad de liderazgo por el grave deterioro moral y del tejido social” (párr. 22). Por tal motivo, la violencia se convierte en un tema de la vida diaria, siendo en este momento los jóvenes las principales víctimas, pues son utilizados por el crímen como carne de cañón en enfrentamientos que no tienen cuarteles ni demarcaciones.
    Por otro lado, Forge, Rosenberg y Mercy (Como se citó en Gurrola et al., 2014), mencionan que podemos dividir la violencia en tres categorías distintas:
  11. La violencia dirigida a sí mismo, en la cual queda incluido el suicidio y las autolesiones.
  12. La violencia colectiva o grupal, en donde ubicamos a la violencia social —manifestada en actos como el terrorismo y las guerras—.
  13. La Violencia interpersonal: La cual se subdivide en dos subcategorías, la primera, aquella que se da en la familia, también conocida como violencia doméstica y, la segunda que es aquella que se da en la comunidad, es decir fuera del hogar. En esta última encontramos los asaltos, secuestros y robos.
    Gurrola et al. (2014), mencionan lo alarmante que es en México el aumento de la violencia, pues para el 2010, se reportaron un total de 22,714,967 crimenes cometidos. Pareciera así pues que el delito es parte de la vida diaria y modifica así el estilo de vida de la sociedad.
    Para entender con cláridad qué nos ha llevado a esta violencia en México, es importante considerar las características de la época actual, ya que éstas han llevado también a la sociedad a una nueva forma de organización. Esta situación se debe en parte al desarrollo tecnológico e industrial, así como también por los cambios sociales. Nos encontramos en una época en la que se pregona “la igualdad de género”, en donde la mujer comienza a incorporarse en espacios en lo que antes no tenía cabida, mujeres que se niegan a asumirse sólo como esposas y madres, mujeres que no necesitan estar siempre al servicio de los demás. Así pues, en este nuevo milenio, que recién comienza, podemos observar como la forma en la que una pareja establece vínculos entre sí, va cambiando. En la medida que avanza el siglo XXI, varias tendencias económicas, políticas, culturales, demográficas y psicopatológicas están causando un gran impacto en la sociedad, en cada individuo. Se enaltece la belleza y la juventud, y vemos cómo la tecnología ha contribuido a que se den cambios sustanciales en el establecimiento de las relaciones interpersonales, en donde no solo nos referimos a las relaciones de pareja, sino también las amistosas, laborales y las familiares. Los jóvenes añoran obtener de forma rápida una estabilidad económica, de ahí que pertencer al crímen, para obtener dinero “fácil”, se convierta en una buena opción.
    Estas nuevas tendencias y cambios hacen que los individuos se vean en la necesidad de adaptarse a nuevos esquemas de conducta y de relaciones interpersonales; la globalización, la apertura económica, la competitividad son fenómenos nuevos a los que tienen que enfrentarse los sujetos, todos y cada uno, hombres y mujeres.
    El contexto histórico de hoy nos muestra un mundo complejo, paradójico y lleno de perplejidad ante el derrumbe de viejas concepciones, en donde la mujer ahora trabaja y estudia, en donde el hombre ya no es necesario para el sostén del hogar o también puede estar al cuidado de los hijos, una época en la que las relaciones de pareja parecen evitarse, ya que se cree en una errónea autosuficiencia afectiva, señala Lipovetsky (2009) al respecto que actualmente hay una tendencia a las relaciones interindividuales, sin un compromiso profundo, con la finalidad de no sentirse vulnerable el ser humano, por lo que desarrolla una propia independencia afectiva, el vivir solo, que es el perfil Narciso. Estamos en una época en la que predominan los trastornos narcisitas de la personalidad; y vemos así una sociedad situada ante la necesidad de un consumismo extremo, en donde el sujeto cree ser feliz si tiene una camioneta del año, dinero para cirugías estéticas, un bronceado espectacular, unos lentes de sol de marca, etc., y si el crímen ofrece todo ello a los jóvenes, es atractiva la propuesta y nunca para ellos peligrosa. Estamos en una época en donde se considera al enriquecimiento como signo de progreso individual y social. Señala Lipovetsky (2009) que el éxito sólo tiene el significado psicológico de excitar la admiración o la envidia del otro.
    Vemos como en México, hay un desencantamiento de la política, es obvio que ésta ya no mueve pasiones, la controversia no moviliza ya al individuo, pareciéndole carente de sentido todo lo referente a sus gobernantes, y cómo no, si los medios de comunicación ponen a la par de noticias referentes a la guerra y la política las noticias sobre “celebridades”; el individuo no siente pertenencia a ningún movimiento social. Pareciera que la historia se va olvidando, algo así como si fueran desmoronándose grandes relatos —como si la historia fuera un cuento— y en el supermercado se puede encontrar todo lo que se busca. Los medios de comunicación están al servicio del gobierno, y los reporteros que no lo están son callados, de igual forma las desapariciones forzadas han ido a la alza, y parecen afectar a gran número de la población, el caso de los 43 alumnos de la escuela normal de Ayotzinapan es solo un reflejo de los millones de casos a lo largo del país.
    El tema de la posmodernidad pareciera ser difícil plantearlo en países donde la pobreza, la exclusión y el analfabetismo están a la orden del día, y sin embargo parece tener cierta repercusión en la forma en la que las parejas se vinculan el día de hoy, independientemente de clases sociales, sexos y edades.
    Vemos como en revistas, libros, cortes comerciales televisivos y radiofónicos, y telenovelas de hoy, esta nueva forma de vinculación social (conyugal y familiar principalmente) se plantea, así como la creación de necesidades consumistas que prometen “felicidad”, y todo este bombardeo visual y auditivo en ningún momento se queda corto con la realidad. Schreck (2014) considera que son el éxito fácil, la apariencia y el consumismo, “…bienes triviales que predominan en nuestra cultura y que favorecen las fantasías omnipotentes y megalomaníacas de los jóvenes” (párr. 24). No hay una tendencia al desarrollo de proyectos, hay más una lucha entre quién gana y quién pierde. Por ello, Janin (como se citó en Scherck 2014) menciona:
    En vez de que los ideales generen progresión y movimiento son colocados en el Yo, el yo como ideal narcisista, lo que implica su propio derrumbe. Es entonces que asoma la euforia como desmentida, la desmentida definida como una defensa psíquica para desestimar la vivencia traumática, lo que se logra a través del uso de drogas y de alcohol, o mediante la pura acción maniaca, por un lado para sentir “algo”, para llenar el vacío, y por otro lado para no pensar (párr. 24).
    Gurrola et al. (2014) mencionan que aquellas personas que han vivido alguna experiencia traumática con el crímen, experimentarán ansiedad, conllevando un daño físico y psicológico, afectando considerablemente su vida futura. Por lo tanto, en México, el tema de la inseguridad ya es un problema de salud pública que debe er atendido, ya que trae consigo problemas emocionales, dificultades académicas, depresión, comportamiento violento, uso de drogas y descerción escolar.
    Klineberg (1981) nos dice que la violencia esta siempre relacionada con la rapidez del cambio social, por lo que podemos pensar que este cambio trae consigo expectativas y a la vez frustraciones que originarán violencia, además también este cambio trae consigo inestabilidad. Gurr (como se citó en Klineberg, 1981) realizó estudios cuantitativos del tema, concluyendo: “El conflicto violento es mayor en las naciones en desarrollo, menor en las naciones modernas, intermedio en las naciones menos desarrolladas y más tradicionales” (p.131). Así pues, la violenca disminuye a mayor estabilidad económica, y contrariamente va en aumento cuando se producen cambios sociales y culturales. Tal es el caso de México, ya que no tenemos una estabilidad económica, pero si intensos cambios sociales. Otro de los factores que llevan al aumento de la violencia social, señala Klineberg (1981) resultan del sentimiento social de enojo, ante un gobierno que no responde “… a las necesidades y a los deseos populares (democráticos)” (p. 132). Esta es la situación actual del país, gobernantes que no atienden las necesidades de la población. Y por último, el factor de la historia, en este caso la de México, que es en su tradición violenta apoyada en valores con los mismos ideales, este es otro de los aspectos que los sociólogos consideran para el desarrollo de la violencia social, el hecho de que esté en la historia cultural.
    Para Klineberg (1981) otro factores que llevan a la violencia son los siguientes:
     Edad y Sexo: aún y con excepciones, la violencia es más común entre varones, tal es el caso del machismo que ejerce cierto tipo de presión cultural.
     Clase social: en clases socioeconómicas bajas es más común la violencia.
     Raza y grupo étnico: Las disparidades sociales, políticas y económicas entre
    razas llevan a que aquella que sea considera inferior sea más violenta.
     Características Psicológicas: el egocentrismo y la falta de control de impulsos
    son características que llevan a violencia.
    También señala Klineberg (1981) que no existe una relación entre el aumento en
    la población y la violencia, así como tampoco con causas de tipo biológicas.
    En cuanto al tema de los medios de comunicación, y para concluir al respecto, Halloran (1981), menciona que es un hecho que la información violenta que los medios de comunicación presentan a la sociedad, tiene consecuencias sociales y políticas y que determinan en mucho la percepción que se tendrá sobre la violencia, pues tendrá efectos negativos y perturbadores por un lado, y solo positivos en el sentido de actuar como instrumentos de control social, pues desde el punto de vista del gobierno y su necesidad de reestablecer el orden es básico presentar este tipo de información; sin embargo, ello no lleva a un cambio social por lo tanto cualquier país en donde los medios de comunicación son utilizados por el gobierno para intimidar a partir de la presentacion de notas sobre violencia, o manipular la realidad social, generarían un estancamiento social.
    Hay muchos formas en las que la violencia social se manifiesta hoy en día, y los psicólogos sociales realizan constantemente estudios con la finalidad de comprender las problemáticas que nos atañen, para poder así desarrollar estrategias de intervención y prevención. Los estudios de Spitz P. (1981) nos hablan de cómo existen paradojas sociales, como el hecho de que las comunidades rurales, aún trabajando la tierra, tengan una mayor dificultad para alimentarse a diferencia de las poblaciones urbanas, incongruencias en donde la política y la economía terminan teniendo una participación desigual. La violencia social, es un fenómeno que merece ser estudiado desde sus diferentes caras, y desde la psicología con miras a desarrollar programas de intervención.
    Pareciera que la violencia hoy en día es algo común; como diría Schreck (2014) “Vivir fácil, ganar mucho, gozar efímeramente, morir pronto… El placer dado por la descarga inmediata” (párr. 24).

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